viernes, 26 de febrero de 2010

El insomnio por-venir.

A nada le he temido más -en el hombre- que a la falta de entendimiento; esa desaparición suya, niño perdido o huérfano de todo mi desorden. ¿Quién es el autor de este sabotaje? ¿Quién ladea, urde, el despropósito de todo este infinito, detenido y electrocutado ya por la mano del Otro que se levanta contra mí como contra una sospecha inacabada y letal, y ante la cual no cabe sino protegerse cerrando las compuertas, quitando la ciudadanía o ese pasaporte, a mi querida voz universal? Como si el discurso amoroso realizara una sugerente reducción de personal, o como si la apatía de principios me exigiera una paga de piso, heme aquí, en este atolladero de no restaurar el Bien y con la mente callosa. Pero es que cuando por entendimiento se representa no tanto aquél que se ha de tener con un comerciante a la hora de transar y de entenderse, ni tampoco aquél que se ha de llevar a cabo con un odontólogo una vez que éste expone discursivamente todos los procedimientos para llevar a cabo la crueldad mermante y entonces, claro, se le pregunta al desdichado si acaso nos estamos entendiendo, sino más bien a la facultad de exponer un concepto y demostrarlo (ostendere, exhibere), entonces el estado de cosas atañe ya a la posibilidad de un caos cualitativo irremediable (en cuanto a lo fenoménico) e incluso a una causalidad incapaz de remontar hasta el grado en el que la razón ha prescrito su regla (en cuanto a lo nouménico). Esta falta de entendimiento se expresa ya como una idea estética desenfrenada y ampliada -con sus respectivas pretensiones de causalidad- hasta el ámbito de los objetos de aprehensión, adscribiendo, esta vez, una comprehensión infantilmente peligrosa. El entendimiento es sacrificado en su casa, acorralado por la imaginación que instaura un nuevo orden de libertades jamás prevista para la naturaleza: estamos frente al delirio incapaz de demencia (es decir, la facultad de exponer ideas estéticas con un concepto de la razón trastornada). Este injerto entre una enfermedad y la falta de otra, es popular por la manera espectacular de permanecer intratable. Aquí el delirante se vuelve indiferente a las sensaciones externas. El enfermo es presa del más burdo desatino. Y como el Coloso dice: La desesperación es el desatino transitorio de alguien que ha perdido las esperanzas. Tenemos, entonces, al desesperado permanente, recalcitrante, en un sentido restringido. Podrá volver a su vida normal, conocerá muy bien a muchas personas, tendrá nuevos amores, recibirá siempre un nuevo beso y la escabullida teatral de todo mi gesto; se abalanzará por vivificantes abrazos que ya no podrán ser los míos, contemplará la naturaleza y se maravillará de su belleza con una moralidad mezquina en su interior y evitará palabras como "culpa", "comprometer", "permiso", "responsabilidad", "quehacer", "abandonar", "permitir", "conmemorar", "duelo", "viuda", e incluso expresiones tales como "despejar la X", "donar órganos", "levantar la antinomia", "descansar en ti, todo mi funeral". Podrá hacer todo eso, lucir la vida incluso, o detallar la muerte, pero no podrá, jamás, actuar o movilizarse (ese gesto arruinado del trabajo) sobre aquello que le ha desesperado. A este tipo de hombres les es imposible, por tanto, perdonar. No poder actuar sobre lo ocurrido, velar por la falta de entendimiento, cortar la voz universal muerta del Otro que alguna vez fue Otro y no simplemente el archivador del destierro. El entendimiento existe, en algún lugar de su recóndita cabeza, pero la pasión que acompaña a este trastorno (y no el trastorno mismo) lo relega al ámbito de la sensibilidad; no es más legislador y proveedor, sino legislado y asimilado. La sensibilidad le haría compañía, infundiría alguna fuerza, pero como hemos dicho, el imperdonante desconoce la sensibilidad de suyo, la reemplaza por el ajetreo dislocado de una razón afectada que es capaz de pasar por prístina no sólo ante sus ojos, sino ante los de los demás. Aquí opera el angustiante factor de la confianza que se les suele tener. Nadie descreerá su discurso, antes bien será tomado con avidez sólo por su fuerza que es la fuerza de los efectos. El asunto es aún más terrorífico cuando además se atisba en la persona un arrebato tempestuoso que la convierte en un loco furioso. Y el loco furioso, en la medida en que desatina, está enajenado. Así, la pasión unida al desatino (el desapego con las sensaciones externas) agravan el trato y lo vuelven insoportable. El tiempo detendría el curso de esta hipocondría, pero a esas alturas, tal como esperamos, habremos ya cancelado nuestro contrato con Dios y toda la divinidad que le persigue. Aquél que alguna vez ha provocado este disturbio en otro, es decir, yo, se convierte para el imperdonante en algo tan despreciable como el roce del aire en un ejercicio introductorio a la física.

jueves, 31 de diciembre de 2009

"Las melancolías del ánimo" (Clase nº2, Liceo Lautaro Quiroga Aguilar, Marzo de 2023, Segundo Básico A)

a) "Según los diversos estados anímicos de las personas, una misma representación afecta en muy diferentes grados a la sensibilidad. Por eso se atribuye a alguien una especie de fantasiosidad por el mero hecho de que el grado de intensidad con que le afectan ciertos objetos se considera aberrante comparado con la moderación de una cabeza sana. Por este motivo, el melancólico es un fantaseador en lo tocante a los males de la existencia." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

b) "El melancólico, que delira en lo que atañe a sus lúgubres y quejumbrosas conjeturas, es un ser apesadumbrado." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Y luego,

c) "En algún lugar de su obra, el Abate Terrasson establece una distinción entre los perturbados mentales: los que concluyen correctamente partiendo de ideas falsas y los que a partir de ideas correctas sacan conclusiones erróneas. Esta división concuerda perfectamente con lo anteriormente expuesto." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Precisión a la distinción:

d) "Las lacras de la cabeza perturbada pueden reducirse a tantos géneros supremos cuantas sean las facultades psíquicas afectadas. Creo poder dividirlas, globalmente, en los tres grupos siguientes: primero, el trastrueque de los conceptos de la experiencia, que es la demencia; en segundo lugar, la perturbación de la facultad de enjuiciar ante todo la experiencia misma, que es el delirio; en tercer lugar, el trastorno de la razón en lo tocante a los juicios más universales, que es la alienación." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Distinción de la precisión:

e.1) "Ahora bien, hasta aquí todavía no está realmente afectada la capacidad de entender en la cabeza trastornada, o al menos no es necesario que lo esté; pues el error sólo se da en los conceptos, mientras que los juicios en sí -en caso de que aceptemos como verdadera la percepción distorsionada-pueden ser totalmente correctos e incluso inusualmente razonables. Por el contrario, una perturbación del entendimiento consiste en que, a partir de experiencias eventualmente correctas, se emiten juicios totalmente erróneos; y el primer grado de esta enfermedad es el delirio, que contraviene las reglas comunes del entendimiento en los juicios más próximos a la experiencia." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

e.2) "El segundo grado de trastorno mental respecto a la facultad cognoscitiva superior es, en propiedad, la razón caída en desorden, en tanto que se extravía absurdamente en sutiles juicios imaginarios acerca de conceptos universales y puede denominarse alienación." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Retrocedemos:

Anotar: Los tres grupos (d), no son más que dos, pues la alienación forma parte de los trastornos del entendimiento, es decir, junto con el delirio. Y el primer grupo no es un grupo, pues lo que agrupa esta clase de enfermedad en que se dan ideas falsas de la experiencia (en que se trastruecan los conceptos y el error es más bien sensorial, es decir, en que se enlazan fines y no se excita la conformidad a fin del objeto con nuestras facultades, sino que antes bien se prescinde de la causalidad interna y la mera causa es tomada por verdadera siendo falsa) son tanto la demencia como la fantasmagoría. Los fantasmas aparecen, por tanto, fantasmáticamente, en una división que no existía.

en (e) se instaura un nuevo nivel en el orden del discurso. Originariamente eran tres las enfermedades de la cabeza (d), pero ahora se ha ingresado la partición correspondiente: de un lado las enfermedades producto de la relación entre un juicio razonable y un concepto erróneo y del otro lado las enfermedades producto de la relación entre un concepto eventualmente correcto y un juicio erróneo, división que también se encuentra en el Abate Terrasson de (c). En el segundo tipo, el de los juicios erróneos, es que es considerado el delirio, por una parte, y la alienación, por otra.

Tarea: distinguir entre un juicio razonable y un concepto eventualmente correcto a partir del error (del profesor).

Concluímos: el melancólico delira sin alienarse.

Inmediatamente luego de (c) se lee:

"En los del primer tipo, es decir, los fantasiosos, o dementes, en realidad no está afectado el entendimiento, sino sólo la facultad que suscita en el alma los conceptos de que luego se sirve el Juicio para compararlos. A estos enfermos se les puede muy bien redargüir con argumentos de razón que, aunque no supriman su mal, contribuyen por lo menos a aliviarlo. Por contra, en los del segundo tipo, delirantes y alienados, al estar afectado el entendimiento mismo, el razonar con ellos no sólo carece de sentido (pues no estarían trastornados si pudieran comprender esas razones), sino que es también altamente perjudicial. Y es que así lo único que hacemos es proporcionar nuevos materiales a su perturbada cabeza para seguir urdiendo despropósitos; el contrasentido no se mitiga, sino que se aviva, por lo cual es absolutamente necesario adoptar en el trato con ellos una actitud despegada y benevolente, como si uno no se diera ni cuenta de que algo no funciona en su mente." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Los fantasiosos se introducen bajo la misma categoría que los dementes, es decir, la de las enfermedades en que se evidencia juicios correctos pero conceptos erróneos (no tiene alterado el entendimiento, pues puede inferir correctamente). Sin embargo, en el fantasioso predomina lo real:

"Esta característica, en virtud de la cual, aun sin estar aquejado en grado notable por una enfermedad severa, el perturbado acostumbra a imaginar que, en estado de vigilia, percibe claramente ciertas cosas de cuya presencia no hay ni rastro, se llama demencia. Así, pues, el demente es un soñador despierto. Ahora bien, si las habituales ilusiones de sus sentidos sólo parcialmente son fantasmagorías pero predominan las sensaciones reales, entonces aquel en quien se dé en grado sumo una inclinación a dicho trastorno es un fantaseador." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

En grado sumo sólo la inclinación al trastorno, sin embargo, es notable el sentido atenuado de esta clase de enfermedad en que el orden sensorial está arruinado. El fantaseador percibe mal, se equivocan sus sentidos, el fin a que se enlaza la representación no entra en el dominio de la conformidad a fin del objeto de la naturaleza con nuestras facultades. Sin embargo, no todas sus sensaciones están mal, pues sería el mismo caso del demente, sino que en él predomina lo real, no está del todo perdido, su sanación es incierta, pero en él no se insinúa un peligro social, no hay comportamiento contrario a la ley: recordemos:

"Voy a pasar de las lacras de la cabeza que son despreciadas y ridiculizadas a aquellas otras que por lo general se miran con compasión; de las que no perturban la normal convivencia de los ciudadanos a aquellas de las cuales se hace cargo la autoridad y toma respecto a ellas medidas preventivas. Dividiré estas enfermedades en dos tipos: de incapacidad y de trastorno." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Concluímos: el melancólico fantasea sin ser un demente.

Leer (a) y (b) nuevamente.

El melancólico fantasea (grado atenuado de la demencia), es decir, yerra sensorialmente y produce ideas no adecuadas a ningún objeto, lo que no le impide producirlo. Sin embargo, fantasea en torno a los males de la existencia, vale decir, es un hombre de fantasmas representacionales, y por tanto, no incide en la vida social de las personas, como en el caso de la demencia, en que, al ser considerado como un "soñador despierto", no es capaz nunca de entablar límites epistemológicos, problema que lo termina conduciendo a numerosos disturbios públicos. El melancólico fantasea, entonces, respecto de sí mismo, pues: "Por eso se atribuye a alguien una especie de fantasiosidad por el mero hecho de que el grado de intensidad con que le afectan ciertos objetos se considera aberrante comparado con la moderación de una cabeza sana." Fantasea respecto de sus afectos, se intuye mal, falla sensorialmente respecto de sí en el mundo.

Por otro lado, el melancólico delira (grado atenuado de la alienación), es decir, yerra en los juicios de la experiencia misma tomada como verdadera. Sin embargo, no en todo ámbito, sino en el ámbito de una experiencia cercana, pues el delirio "contraviene las reglas comunes del entendimiento en los juicios más próximos a la experiencia". En los juicios más próximos. En los que lo rodean. El radio de acción de esta enfermedad es limitado y el enfermo no alarma al Estado, razón por la que el sujeto aquí comprometido no es aislado socialmente. Pero tenemos (b) que su radio de acción es más que moderado, sino que su delirio atañe sólo a sí mismo, yerra respecto de sí, se enjuicia mal, se infiere erróneamente de premisas verdaderas. Es un estoico radical y podría jamás llegar a saberlo. El Epicteto por excelencia, pues el melancólico que delira siempre dirá: parece que (élla ) no conoce mis otros defectos, porque si no, no te hubiera mencionado solamente ésos.

De todo esto queda:

Si el melancólico tiene conceptos (al considerar los males de la existencia) errados de sí, a saber, porque la existencia lo compromete en primera instancia y más que a nadie; y si el melancólico enjuicia errónamente sus conjeturas, y por qué no decirlo, su estado anímico (pues es una cuestión de defectos), concluímos:

El melancólico es el único enfermo capaz de inferir erróneamente a partir de premisas falsas. No molesta a los demás, pues sólo puede decir la verdad (F y F, entonces V).

Un perturbado mental que es más bien un imbécil, un trastornado que es más bien un incapaz.

Próxima Clase:

-El problema entre el endeudamiento y los estafadores (Observaciones sobre lo bello y lo sublime y primera clase sobre Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza)

Trabajo final semestre:

-Deber moral y la cuestión de la mentira.

A recreo.

martes, 22 de diciembre de 2009

la egología no es tanto la capacidad receptiva del que escucha, y menos aún la condición (interna o relativa) del que se confiesa, sino más bien el que todo ello sea el caso.

viernes, 11 de diciembre de 2009

§40.

-"Todo me conduce al insomnio"

Hoy no leí a Kant. De entre todo lo que postergo, lo más detestable ( y no por principios, sino más bien porque ahora es postergado el sueño), es dejar un parágrafo a la mitad o no haber comenzado el siguiente. Intenté hojear en el bar buscando una nota, que ahora, sólo ahora, reproduzco íntegramente:

"Se hallará que un rostro completamente regular que quisiera el pintor tomar para que le posara como modelo, no dice comúnmente nada, porque no contiene nada característico y expresa, por tanto, más la idea de la especie que lo específico de una persona. La exageración de lo que pertenece a esta especie de lo característico, es decir, la que viola la idea normal misma (la conformidad a fin de la especie), llámase caricatura. También enseña la experiencia que esos rostros completamente regulares delatan en su interior comúnmente sólo un hombre mediocre; presumiblemente (si se puede admitir que la naturaleza exprese en el exterior las proporciones de lo interno) porque, si ninguna de las disposiciones del ánimo destaca sobre la proporción requerible para conformar a un hombre sin falta (fehlerfreien Menschen) no se puede esperar allí nada de lo que se denomina genio, en que la naturaleza parece apartarse de las relaciones habituales entre las fuerzas del ánimo para ventaja de una sola de éstas." (A 59).

(1) Detestable es dejar un parágrafo a la mitad porque con él puedo ya intentar resolver, conectar internamente a otros elementos, recapitular, organizar y extrapolar aquellas ideas que se abren a un desarrollo honesto pero en absoluto definitivo. Detestable es no saber cómo acaba el parágrafo, es decir, no saber cómo lo deja Kant. El estado del ánimo aquí es a la vez el de la sospecha, la ansiedad del desenlace (que llegaría, alguna vez), es decir, el sentimiento doloroso de estar clavado a la cama sin poder dormir a causa de lo que se ha venido llamando una histeria representacional.

(2) Detestable es no avanzar al próximo parágrafo porque las posibilidades de lo que viene - la expectativa del curso general de la exposición- es infinita e insostenible. Detestable, en el fondo, es no poder continuar debido a que el parágrafo anterior gravita aún en el ánimo y no se está dispuesto, en modo alguno, a ingresar lo nuevo, puesto que entonces el parágrafo anterior no se dejaría leer hasta su última palabra: no se dejaría pasar por lo que se viene llamando la lavadora representacional (el ánimo en todo su esplendor y actividad, en su fuerza). El estado anímico es aquí el de una niña que con la panza llena espera en virtud de su metabolismo para lanzarse sobre el próximo chocolate; esto es, el de la espera activa que busca una ocupación en la oscuridad camal para procesar saboreando a la vez el siguiente estado, que es a la vez el anterior (1).

Me acosté, entonces, sin haber leído, parecía cansado. Error. El cansancio se disipó lentamente y con él toda posibilidad actual de quedarme dormido. Fui alcanzado de pronto por la conciencia desesperada de estar despierto, de estar hablándome, maldiciendo a lo oscuro con palabras informes: algo pasaba, un vacío, como figuras absorbidas por la humedad de lo sin-materia, me acosaba. En mis representaciones faltaba por completo el entendimiento, toda relación con un objeto (del pensar) me era negada, la razón dislocándome en la nada de unos brillos; allá en los rincones, unos sonidos descontextuados acaecían de manera violenta y la imaginación se adueñaba de la sensibilidad quedando exiliado de todo principio vital. No tenía nada en que pensar. La lavadora no tenía nada que lavar y la histeria no encontraba ya ningún objeto en el que prolongarse. Me levanté, encendí la luz y el computador, y empecé a escribir esto.

Voy a ver qué hago con este parágrafo.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Adiós a las otras armas.

"Diese Traurigkeit, nicht über die Übel, welche das Schicksal über andere Menschen verhängt (wovon die Sympathie Ursache ist), sondern die sie sich selbst antun (welche auf der Antipathie in Grundsätzen beruht), ist, weil sie auf Ideen beruht, erhaben, indessen daß die erstere allenfalls nur für schön gelten kann."

(Kant, Kritik der Urteilskraft, 127).

[Esta tristeza, no por el mal que el destino inflige a otros hombres (del cual es origen la simpatía), sino por los que ellos mismos se hacen (la cual reposa en la antipatía de principios), es sublime, porque descansa sobre ideas, mientras que la primera sólo puede considerarse como bella].

domingo, 22 de noviembre de 2009

ella busca a mi padre muerto y yo a su hermana pequeña.

El sujeto que ofrece resistencia en una potencia sin poderío (Macht), cuando es alcanzado por un temor súbitamente suscitado y que pone su ánimo fuera de compostura, queda fuera de lo sublime, rehuyendo, buscando el cese de la penuria para devenir en alegría y queriendo no volver jamás a repetir la escena. El problema es el mismo que en la analítica de lo bello, segundo momento: comunicabilidad universal, conocimiento general, validez pública, y en definitiva, el (dis)placer como consecuencia del enjuiciamiento y no viceversa, es decir, asegurar la estadía estética de lo sublime. En lo sublime [dinámico], la naturaleza es representada como inspiradora de temor. No todo objeto que despierta temor es sublime. Inspirar y despertar. Aquí, esta delgada distinción puede tomarse como sigue: la inspiración hace al objeto temible, mientras que si despierta temor nos atemoriza. El atemorizarse ante el objeto elude el como si de lo temible, en el que el solo pensamiento de resistir al objeto y en que toda resistencia sería entonces completamente vana. Lo sublime no puede obtener su fundamento de determinación de la inclinación (del rehuír a la visión del objeto que lo intimida), pues en tal caso la universalidad quedaría perdida de antemano y tendría sólo una validez privada, en la inclinación. Sin embargo, su fundamento deja de ser sospechoso y se vuelve estético en la medida en que nos hallemos seguros, fuera de la inclinación. Aquí lo sublime atrae y eleva la fortaleza del alma por sobre su término medio habitual y permite descubrir en nosotros una potencia de resistir completamente distinta, que nos da valor para poder medirnos con la aparente omnipotencia de la naturaleza. Resistencia completamente distinta, no resistencia de poderío contra poderío (que sería siempre empírica), sino de una potencia sin poderío, resistencia a la medición del sujeto con la naturaleza. Pero potencia de resistir, no potencia de poderío. Es decir, potencia para el como si de la medición, no potencia para sobreponerse, la cual comparada con el poderío de la naturaleza, resultaría siempre una pequeñez insignificante. Todavía hay algo de matemático en lo dinámico, pues la superioridad sobre los obstáculos sólo puede ser juzgada según la magnitud de la resistencia. Potencia, decíamos, inversa, potencia de decidir la inadecuación de las fuerzas representacionales, es decir, de poner la Unermesslichkeit (inmensidad) en la naturaleza como poderío sin prepotencia (Gewalt), y de poner la especial resistencia, el obstáculo del sujeto, como un ceder de la propia insuficiencia en la medida en que somos al mismo tiempo juzgados independientes de la naturaleza. La universalidad, entonces, no yace sino en que en el juicio estético sobre lo sublime la naturaleza no es juzgada meramente en cuanto atemorizante, sino porque invoca en nosotros nuestra fuerza para mirar aquello de lo cual nos curamos (bienes, salud y vida) como pequeño y, no obstante, ver por eso mismo su poder, no como una tal prepotencia respecto de nosotros, ante la cual tuviésemos que inclinarnos cuando se tratara de nuestros principios supremos y de reafirmarlos o abandonarlos. Por tanto, la naturaleza se llama aquí sublime simplemente porque eleva la imaginación a la presentación de los casos en que el ánimo puede hacer para sí mismo sensible la propia sublimidad de su destinación (Bestimmung), aun por sobre la naturaleza.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Mahler, Sartre, Valdebenito (nota de una nota de un teléfono).

Los hombres jamás estaremos tristes.

Lo que una penuria atravesada por el canto
es capaz de restituir al orden
de los terrores como pájaros
es a la vez
una horca y una pradera
por el que cansadas planearían
para posarse sobre uno de sus jardines
donde hallaran escondidos a los quinientos jóvenes de la orquesta
ejecutando un límpido y sonoro
arte de las diferencias.

Estaremos estallando entre los libros
que nos dejaron nuestros abuelos
y la marcha del fin final
se erguirá como el rondo-finale
de la séptima sinfonía.

Lo que es todavía asombroso de una obra del teatro existencial es a un tiempo el devenir positivo del absurdo y el retroceder del sentido que halla, en pequeñas diálisis, cortes de tiempo y engranajes de un gatillo, descendiendo como tiempo, hasta el momento en que el borracho se acuesta a los ojos de dios. En un comienzo, la conversación ha de ocultar la historia y luego ha de seguirse con rigor, como un montón de pasos calculados tendidos sobre el abismo (Abgrund). Escribir la traición en toda su máscara, el error aquí bate sus alas en un charco de malentendidos y apariciones tormentosas que debieran, tal como en algún momento se anuncian y se dejan anunciar, disipar la duda anónima. Por otro lado, el retroceso como astucia, el espíritu que vivifica la obra internamente, se rinde en su proyecto como los pasos borrados por la nieve. El reducto (que no llega aún al desenlace) ofrece como tacto (escena) la resistencia al poderío de la imaginación y se torna una prepotencia que equivale a la crudeza altiva de palabras sensatas, desnudando al lenguaje, perdiendo todo su contexto.

"Si todo lo que toca es verdadero, me clavaré a la causa primera."

-Perdónanos.

La insatisfacción queda demostrada.

lunes, 9 de noviembre de 2009

abrumarse al ver cómo Guido Vallejos espanta una mosca sobre su cabeza
en medio de la cirugía intencional de las cabezas partidas
es haber dado con la triste deducción
de toda una rama de la filosofía.

quedar varado en la cama
después de haberse gestado en mí
la intuición genuinamente filosófica de que se está solo en esto
no es sino el grito errado de mi recogimiento en el Todo
y tras el cual la acción de despertar
llega a ser el segundo trabajo más antiguo
que ha llevado a cabo el hombre sobre la tierra [después de la pesadilla].

no ser abrazado por nadie
cuando se han explicitado -por todos los medios- las primeras causas
que lo han llevado a uno
a estas débiles y enfermas relaciones cognitivas
no entraña sino que el contexto
no es ya el de una justificación
ni el de un descubrimiento
sino el de un extremo sin justicia.

no poder acudir a nadie,
infinitudinal resistencia del Otro a amarme,
lejanía completa, vacío abismal de la habitación
a la que de pronto fui exiliado, como si de pronto todo Chile
y el universo entero hubieran desaparecido tras la puerta;
pero las cosas ya no las puedo compartir con nadie,
soy la evidencia científica del egoísmo
y su oscuridad teatral que siempre amenaza
con deslizarse.

La escopeta tendría poco menos que mi estatura,
dejaría que me besara con la inconmunicable pasión a la que sólo podría elevarse un metal,
enviaría mi respiración hacia abajo como si de algo sirviera
a los muertos que cayeran por el gatillo, encaramándose
desde el dedo gordo de mi pie izquierdo.

Si pudiera morir dos veces, iría a gritarle a mi peor amigo
las más radicales exigencias que Dios jamás leyó siquiera de mí,
me dispararía, entonces, y reventado desde el piso, volvería a darme unidad
-puesto que la razón sobrevive todavía a un escopetazo-
Me levantaría y luego iría hasta donde mi peor amor,
le gritaría las peores vergüenzas e injusticias
que Dios jamás quiso leer siquiera de mí,
y entonces también me dispararía.

Hay que aclarar aquí, que en caso de que la razón todavía sobreviviera,
ésto no presenta realmente un gran problema,
pues dudo que ella vuelva a dar unidad
a aquél para quien la muerte
ya no es más que la verdadera herramienta de la ética.

no poder leer,
no poder avanzar una línea,
no poder anotar al márgen,
no ser capaz de un mapa conceptual,
no es sino la amargura de la sensibilidad
cuando la aprehensión produce escozor
y derrame lento y total de las estructuras.

acostarme sin calcetines y sin pantalones
es lejos lo que me ha hecho más feliz este día.

me alimento bien, sigo delgado, concluír:
otra vez acostarse.

me dejaron tan solo y tan vivo, tan real y tan entero,
murieron todos tan antes de mí,
que ya no tengo verdaderas ganas de morir:
llegaré al cielo y las puertas del Reino estarán cerradas,
tendría que volver a la vida y sentirme estúpido en el mundo incomensurable,
como el peor objeto entre todos los objetos,
como el más inútil, como el más objeto.

estoy sin recursos,
esperaré a mi padre.

martes, 20 de octubre de 2009

Me quedé acá o el desuello de vivir.

A Lautaro Elías Quiroga Aguilar Perfecto

como si dejara de remanente un abrazo, la ventana abierta de puros pájaros,

sonoro esplendor de los huesos que cayeran sobre el despellejado, ah cielo,
tanta apertura, como una pizarra blanca sobre la cual las caricias
irían dejando pequeñas estrías agobiadas, acomodando triángulos en la unión de un punto con otro, las ecuaciones de Kirchhoff, un dibujo real, comisuras reales, un violeta lánguido o
mortecino
(Cf. Kant, Crítica de la Facultad de Juzgar)

o el síntoma más grave del abandono: lo radical invisible de varios ojos desconchando los preciados ángulos heliológicos,
certeza del después que llega batiendo su espuma
desde la remuneración infatigable de la pesadilla, caes sobre mí, Leviatán, rompiendo con el ejército amargo de la despedida
como una piedra bañada de leche y padres muertos, el irrepetible capitán que dijera sobre sus hijas: "¡he aquí la inclemencia de los años, el deslumbramiento de todas las puertas juntas en el atolladero divino de la castración! Conductos de muerte y regalo, celebración sobre la urgencia de las trombas marinas, agraciado despegar del sueño que ha quedado preso en la extinta soledad
del papiro; un solo recado, vuelco especias fracturando el olvido, los frascos rotos y lo imaginario que conserva su espacio, a pesar de todos estos peñascos, locura, porque
la primera mujer que concibió la resurrección no logró evitar lo que las cenizas llevaron al pecho
de los que mueren en su propia demasía;
así, vuelve por tercera vez el ojo partido por el insomnio, como la experiencia que se tiene de un grito al ingresar de golpe al agua, o como el auxilio de la hermana porque el ser querido
se restriega sobre la baba gonádica del eterno desbalance:
¡perdí tu miel, la perdí toda, querido tambor y alegría!, los bosques despapelados en el cuarto de las polillas, como si la representación de la felicidad fuera la imitación de una escena brutal; y la arquitectónica estupidez el estafador que pierde el control cuando los proyectos desbordan en lo inesperado,
¿por qué, entonces, permanezco todavía sin participación alguna?
Habitual giro de las escopetas kantianas, Kant como el cazador al que se le quiebra el arco
detrás de las estatuas de la insolencia, como avatares afligidos por el dogma y el terror
que avanza en el desplegar de las alas malditas, una luz que se cierne
reflexiva cabalgan los tejados y las torres vomitan espejos con ímpetu de elefantes,
el desgarro profundo halla su hogar en el destilado de los pensamientos, hijos del petróleo,
el escupo sencillo de los primeros azotes,
pues el objeto de la lucha está perdido,
la desolación del nombre que habla en mi nombre cada vez que deniego la estructura
de los sentimientos dislocados por amanecer, el cuidado de grandes peces,
la infancia que irrumpe con las bicicletas en la forma de cristales,
desvergonzada, huye la caída, sustracción inevitable, parezco una computadora elaborando
el reporte general de este error, fatal enumeración de interrupciones, congregación de las condiciones de imposibilidad, la abrupta semejanza de Dios con el derroche incalculable del climaterio, mi destape abierto, una especie de juntura entre las costillas y la instalación
de los objetos como presuntos espasmos conceptuales, arribo esencial de la tristeza
al helipuerto del Espíritu,
como una batalla revisada un millar de veces en la que el héroe
canta con su voz atiplada hasta que provoca la inversión cualitativa de la tranquilidad,
sopesar los gramos delicados y la desventura, el exilio comercial, la fantasía destrincada,
histérica en lo planario de los jueces que apuestan por el desfalco de todos sus gajos traidores, suministro infinito con la lentitud de los gotarios,
concluír, entonces,
como en esos sueños terribles en que un líquido verde se desliza por debajo de la puerta, que se sabe,
sin haber mirado:
alguien siempre quiere matarnos
del otro lado
."

lunes, 12 de octubre de 2009

Amanecer finlandés.

Tomo la diferencia peirceana entre el buen hábito y el mal hábito. A veces este pensamiento es como un autito color rojo con un triangulo amarillo mal pegado y cuyas ruedas se unen en pares por un alambre nunca resistente al segundo impulso. Pero la mala memoria. La mano gigante del niño es el cuerpo que se sustrae, el cuerpo que no es mío ni suyo, el cuerpo de dos nombres. La muerte, fanática en los cuerpos lógicos de la glosodinia, abraza las malas premisas. Abducir cuentatrás que ya he caído bajo los naranjos. La actitud extravagante, el recurso absurdo al ocultamiento sabanal. Las luces podrían apagarse, pero lo que queda de grande fuera de mí adopta la senescencia como el fármaco genuino de las conducciones oníricas. Yo quedé pegado. Nunca dije nada. Me quedé dormido cuando nací y desperté bebiendo de los senos muertos de lo clandestino. Hoy nadie me dará un abrazo, ni daré alguno tampoco. Los autos podrán ser lanzados contra las murallas, el niño podrá llorar y pedir nuevos juguetes; la Muerte podrá cocinar algo rápido y salir atrasada al trabajo; pero yo y la pesadilla estaremos demasiado cansados como para seguir tanto ritmo y miraremos la tele muy mal echados en el sillón, olvidando que hay pájaros que ya no cantaron.

lunes, 21 de septiembre de 2009

cuando uno escribe, prepara un terreno,
un pantano o lugar más allá del escrito previamente individuado, habla la escritura
en su tiempo a partir de los más honestos desvaríos:
la caída de un gráfico que se tuvo por pintarrajeado cielo
-ese bosquejo animal de lo sublime-
cuando las horas malsanas atribuían al pecado el nombre de mi hermana
tantos, rayos, pero, no, ¡qué se dice! he indexado en mis ojos la concentración exacta de error y la pausa que elige
ella misma
estas mis palabras, amor de mis palabras o mártires socavados por las tristes amistades
de la Nueva Música.
como la vara a medio sumergir en el agua, cuando alguien se levanta contra mí
lo bendigo con la dulzura del astigmatismo astrológico
y la distorsión y la expansión y la altura y lo divino
se funden como la negra miel en los muros de la única Novena Sinfonía que se ha escrito;
pero el Dios que soy ahora
se marchita con la lentitud de otros párpados cuyos pétalos serían
máquinas de escribir y espadas que se pierden con mi canto entre las montañas;
allí, lejos de la flor, los cuásares de mi pecho,
únicos con corrimiento a la más baja desdicha,
no saben lo que hacen: gritan tan cercanos que no se distinguen
de la fuente receptora y ya todo es sabido
porque todo habita en mí
como en el maternáculo de los que son abandonados
y traicionados por ciertos, prestados, nombres
o como en el hogar de los que de pronto caen en cuenta
de que el universo podría ser re-escalado
más acá de las barandas y el vino con mención a la amenaza.

cuando uno escribe, prepara un terreno,
pérdida gratuita que no conoce límites,
como la iniciación en el secreto con el que toda luz se imanta:
el error en la corrección de todas mis calibraciones es como decir
que doy las gracias a la dislocación de aquellos que hablan.

Cuando me empiezo -empezaría- a escribir, jamás antecede al acto algo más allá que la primera frase; el resto sólo es turbación e imposible defensa de tu absoluto.

hoy muero como si nada, pero es que -y esto ya lo sé- una hipótesis incorrecta profunda ha sido adoptada.



[Esta fue la iglesia que yo construí,
en la que nadie tuvo fe,
y en la que todos menos Yo
fueron salvados]

lunes, 7 de septiembre de 2009

ahora que ha llovido un poco, esto es como estar hablando con el primero que se siente en la silla de los acusados. quizás se me olvidaron los recados, o la frasé postergó su enlace mundial con la perpetración infinita de los muertos que se aburren en mi cuerpo. yo alguna vez escuché, o me detuve a escuchar, a escuchar como abrazando. lo que muere es la lata de cerveza con sus desparramadas neuronas por la mesa. no puedo comer así. hay que limpiar todo mientras los borrachos duermen o se citan en círculos de actividad que tienden a la desaparición, gradual o absoluta, de la humanidad que va quedando en su silencio o falta de silencio. el egoísmo radical sería algo así como la fertilidad irrestricta de una reducción fagológica. quedó un trozo de pan por ahí. mi guitarra está muy enferma y tiene dos almas, no una. ahora ocurre que quisiera escribir los nombres de todas las personas por las que yo llego a saber que estoy aquí, cuasi-vivo, o como con un cansancio lacerante reflejado en un espejo -¡tan diminuto!- que interrumpe los actos más sencillos, los más o menos maravillosos, los de leve rechazo o suplemento. confieso que cuando camino sobre baldosas cuadriculadas, avanzo como si fuera el caballo de un tablero de ajedrez. era mi única entretención desde pequeño, cuando mis padres me llevaban a grandes tiendas de ropa. sólo pensaba en el próximo lugar donde caería mi pie. fallar me hacía levantar la cabeza y dar, por lo general, con los vendedores o guardias cuya sola (re)aparición era ya todo un reproche. son las 3:04 de la mañana y se acerca el dolor de las 3:41. agradeceré a todos, a todos, aunque no siga pensando en otra cosa que en una disminución fuerte de la población terrestre.

lunes, 31 de agosto de 2009

9º Sinfonía, Bórquez-Mahler.

"Pero lo que los apóstoles de la autenticidad realmente sostienen contra Mahler, a saber su rigurosa discontinuidad, la no-identidad musical con lo que sea que esté detrás de ello, emerge ahora como un suceso necesario. Weltschmerz (dolor del mundo), la disarmonía entre el sujeto estético y la realidad, ha sido la postura del espíritu musical ya desde Schubert. Pero esto no ha llevado a los compositores a modificar el lenguaje formal de la música. Ese fue el logro de Mahler. El alma replegándose en sí misma no se siente más hospedada en su idioma tradicional. Se siente consternada; su lenguaje ya no es capaz de acomodar la violencia directa de su sufrimiento (...) Pero Mahler no concluyó que la única solución era caer en el silencio."

"Contra todo arte, su objetivo es transformar el arte en una arena para la invasión de un absoluto."

"La música de Mahler sacude las fundaciones de un orden estético auto-asegurado en el cual una infinidad es encerrada dentro de una totalidad finita."

(Adorno, Quasi una Fantasia).

El devenir muerte del amigo podrá obstruir la música y la lectura, mas no el amor que estará chorreando eternamente de mis manos impuras.
Me dejaran solo y estaré llorando para cuando baje Dios a comprobar que la desgracia era cierta:

Hay una tragedia siempre más trágica porque más allá de la tragedia,
amenaza la posibilidad misma del suicidio porque no compete sino al Otro al que ya asesino o al testigo que no seré de mi muerte, en una oportunidad anticipada sólo porque "llegará" la muerte, llegará ella salvando el abismo de nuestras sombras y la flor de su boca dirá: "allí acaba", sin embargo, aunque, posándose en los rostros cual pulpo de las profundidades, diga que el tiempo tiene sentido porque la duración llega a ser el hecho de que un ser humano llame a otro, hurtará todas las partes del Todo en todos los que se aman porque no dejará que los hombres mueran solos,
no dejará que mueran solos,
y no lo harán nunca.

domingo, 16 de agosto de 2009

La filosofía es la ciencia de los poemas perdidos/ el pensamiento es poema donde la cita, solicitud, ruego de la frase, cifra la estructura del secreto en la turbación de la falta; y donde la palabra presenta la ausencia equívoca que, como lo erótico del lenguaje, acusa, y sólo acusa, el tiempo en que de una punta a otra se teje, escribe, inscribe, la caricia o profanación/ del Eterno Femenino sin retorno.

Titánide Mnemosyne.

"En Totalidad e Infinito, la 'Fenomenología del Eros' describe el movimiento del epékeina tes ousías en la experiencia misma de la caricia" (J. Derrida)

Intimados resiste, ¡éxtasis!
o Voluptuosidad, permanece en el suelo como las caricias
de Mahler, sí, aquello que interrumpe el advenimiento del otro
para que el pensamiento tome vuelo
y salte quedándose allá, en un porvenir jamás lo bastante porvenir.

"El movimiento del deseo no puede ser lo que es más que como paradoja, como renuncia a lo deseado". (J. D.)

"Inaccesible, lo invisible es lo altísimo. Esta expresión -afectada quizás por las resonancias platónicas evocadas por Levinas, pero sobre todo por otras que se reconocerán más rápidamente- desgarra, por el exceso superlativo, la letra espacial de la metáfora. Por alta que sea, la altura es siempre accesible; lo altísimo, en cambio, es más alto que la altura. Ningún aumento de altura podría medirlo. No pertenece al espacio, no es del mundo". (J.D.)


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Y profanar tu secreto.

Ultradanza, si llegásemos al amor
-cosa que espero que no-
se despertarían los Titanes
¡con casi todas sus flores!
y escoltándonos, caminaríamos, Ararat
cogerían las piedras
arrancarían los árboles con dulces tenazas
y, ¡cubre tus ojos!, levantarían el templo de las palabras
donde se encuentra brevemente
el temor de los protegidos
la niebla de los ojos en el lugar donde los muertos saltan
y marcharían con las manos en tus párpados
trabajando infinitamente
con una aguja y un hilo
acomodando alfombras rojas de mil pecados
y entraríamos a descansar
dos días, dos días.

jueves, 13 de agosto de 2009

Estoy borracho y no valgo nada.

"No creo que una carretilla
de esperanzas, de juramentos, de flores al fin
vuelque a tus pies lo que desea
nuestro corazón, señora Dauphin"

(Regalos de frutos helados al año nuevo, XVI, a la misma).

"Victoriosamente huye el suicidio bello
¡tizón de gloria, sangre por espuma, oro, tempestad!
o risa si allá una púrpura se apresta
a no tapizar real más que mi ausente tumba.

¡Vamos! de todo este brillar ni siquiera el harapo
se retrasa, es medianoche, en la sombra que nos agasaja
a menos que un tesoro presuntuoso de cabeza
derrame su acariciado indolente sin antorcha,

¡la tuya tan siempre deliciosa! La tuya
sí, única que del cielo desmayado retiene
un poco de pueril triunfo peinándote con ella

en claridad cuando sobre los almohadones la depositas
como un casco guerrero de niña emperatriz
del que por imaginarte caerían rosas"

(Varios sonetos, III).

Escribo, como si pudiera repetir con alguna velocidad el corte
del teléfono a la hora inoportuna,
con los pies desnudos y fríos
lo que hoy se llama una situación de sospecha y pérdida
Pues yo soy la traducción imprecisa
del dolor que calla
en la absorción de las palabras malditas
y has dicho que el corral se sella
con la sangre de los que cuidan
señalando las ovejas
que continuamente se perdían
mas yo me desentendía y salía
a pescar un beso con renovado fulgor y rechazo
como si se tratase de un santo paso
lo que en verdad era falso y ya no valía.

miércoles, 12 de agosto de 2009

interpolación.

uno todos los datos de mi vida con la ficción de la muerte en la boca.

sábado, 8 de agosto de 2009

Poema para Sigrun.

como si nuestros años fueran montones de deudas en los bolsillos equivocados

haber aprendido nada salvo un dolor a través de veinte ventanas empañadas, cosido a la locura del patio, injustamente enaltecido, abandonando la idea de un calor perpetuo, sentado a la orilla del sufrimiento que se esconde en lo que todo el mundo ha escrito

los señuelos y yo como carne estropeada amarrado a un cañón por no haber sido
lo suficientemente divino como para tocar la desdicha y su gran caída bifurcada

la fatalidad magnífica cuando resto el mundo a todo lo que involucra mi percepción de sujeto/truncado y quedan vacías las cajas, tiendas antiguas que dibujan el contorno de la zapatería más pobre en la ciudad de los que nunca se suicidaron
los árboles caminan y me persiguen, algo malo les habré hecho como algo malo le he hecho a cada hoja que ha entrado en el campo de mi retina que es cuchilla y tinta de gigantes de fuego

y la suciedad la ligereza, para cerrar lo que hay en la tierra que no se alcanzó a pisar debí tener temple de cuervos
y rostro doble, pisada doble
como rayo que divide lo más querido
reparto entre los más hambrientos lo que nunca he comido
callo en el hambre de la caricia
y sufro en su coral infinito
quedando culpable la indigencia y la falta de túneles en las alcantarillas
como los llamados que interrumpían el lecho de piedra
y la burla la burla a la falta de casos en mi gramática de enamorado
amando a la hija
describiendo con sumo error todo lo que hay de cabizbajo en mi pecho
como si por ser hombre no tuviera derecho a conocer árboles enfaldados
la comodidad es incierta
mas la tristeza de los que sueñan con un corazón rodeado de azul y blanco y muerte
supera todos los grados de incerteza

encerrado y comiendo nada más que el aire por el que te oí, he guardado
mil palabras que saldrán cada vez que vuelvan a mí por tiempo de diez segundos
los recuerdos arrojados en los engranajes que conectan los pasadizos de montaña aplastada por el delirio y las desesperaciones más comunes.

he perdido mi lengua y he ganado voces que ya no puedo sostener. a la guerra sin zarzaquieta y celebración sin tzoalli, sólo hay amor a través del mar y los pájaros que son dioses de plata con cuernos que desmienten la llegada.

el espacio que en bucles definidos se dobla sobre sí y aparece como espesura de ojos
y compenetración externa me grita desde lo profundo:

"hay cosas que uno no puede tocar"

como el privador de bienes, el bandido que escapa y muere de hambre en el desierto,
he vendido cada palabra al servicio de la razón y el trabajo maldito de los más negros pensamientos.

¿qué cosa puede quedarle a uno sino un olor que revela la idiotez permanente del comerciante que no detiene caballo alguno para recoger las flores inútiles del campo?

como el estropeador universal, el caballero que con la armadura hecha canto rompe en el agua su cabeza por falta de suavidad en las tareas que Dios le ha encomendado.

no haber iluminado nada salvo la salida más rápida y equívoca, el desnudo querer de una valkyria que me arrastra y para quien mi cuerpo fue desde un comienzo demasiado pesado para llevar al valhalla.

solo y salpicado de rosas malditas en las orejas, el aullido del lobo encadenado muerde todavía mi esperanza, todo eso que uno ha liberado, esa risa, colibrí y muerte, empapado de amargura y destruido con el dolor de los alcohólicos miserables, he llegado a un límite que no es límite, a un zurco, a una diferencia que es imposibilidad: no tener manera alguna para intercambiar puntos de referencia, direcciones, matices y letras que marchan siempre contra el autor. Haber perdido los pañuelos de la infancia, haber dejado que amarraran a la línea del tren a un gato, no haber salvado al conejo de aquél mismo gato, haber faltado a la iglesia, al casamiento, a la muerte de alguien, pasear solo por los cementerios y por lo que hay en él de irreductiblemente fantástico, conducirme al fracaso, Eros y Sonne, forjado con los cabellos del Mal y arrojado a los perros del infierno. El guardabosques de la locura y el impedimento, la falta de palabras precisas que me condujeran al perdón y curaran mis rodillas. Amar un olor trabajando para la esquisofrenia, temer infinitesimalmente por la falta de respuestas, o como respuestas en blanco que se pegan en el gran muro de mis batallas decididamente perdidas.

querer ayudar sin metafísica.

traicionar o no agradecer, aprender a quedar solo, a volver a casa solo.

Skald de las almas reagrupadas en el módulo del silencio, Rúnwita del futuro en detrimento y runas apagadas por el posible olvido.

magistral no-escucha de parte del ejecutante: "Me rindo, me rindo".

chocar y chocar con los árboles, quererlos tanto, querer traspasar los diques, refutar a Descartes metiéndome hojas secas a los ojos y ver crecer un álamo de cenizas como cáncer al espíritu, pene disuelto, dislocado y difamado, en cuarentena y con la vaga esperanza de servir para que aquél cuchillo de la cocina jamás vuelva a ser utilizado.

regalar un dibujo de mi doble, a falta de una desilusión más directa y proporcional al gesto inadecuadamente sublime que ahora amenaza con electrocutarme.

la cama es lo imposible.

ruego misericordia, he faltado.

"La caricia, como el contacto, es sensibilidad. Pero la caricia trasciende lo sensible. No se trata de que sienta más allá del sentido, más lejos que los sentidos, que se apodere de un alimento sublime, mientras conserva, en su relación con este sentido último, una intención de hambre que va hacia el alimento que se insinúa y se da a este hambre, sino que lo profundiza, como si la caricia se nutriese de su propio hambre. La caricia consiste en no apresar nada, en solicitar lo que se escapa sin cesar de su forma hacia un porvenir -jamás lo bastante porvenir-, en solicitar eso que se oculta como si no fuese aún. Busca, registra. No es una intencionalidad de develamiento, sino de búsqueda: marcha hacia lo invisible. En cierto sentido expresa el amor, pero sufre por incapacidad de decirlo."

(Emmanuel Levinas, Totalidad e Infinito, pp. 267-268)

jueves, 6 de agosto de 2009

El día de hoy va a ser un error, lo presiento.

martes, 4 de agosto de 2009

Sterben werd' ich, um zu leben!

Levantarse en el último movimiento y rezar al lado del propio lecho con la oscuridad haciendo retroceder mi espíritu.

Haber mantenido cerrados los ojos durante una hora y media y haber reunido ambas manos a la manera de María Magdalena con el fervor de un mal creyente.

Encontrarse a la eternidad en lo Alto. La caída de los ángeles y las campanas sobre mí.

No haber considerado jamás la belleza sino haberse acoplado severamente a la muerte.

Haber escuchado con dureza, como si el alma necesitara ser forjada en el infierno para poder sostener al cielo. Ingresar con dolor nada más que a la soledad y a la fatalidad de las trompetas. El apocalipsis; grito divino jamás previsto, lo interno que sobrevuela con osadía al Maternáculo. Sentir descascararse el mundo, los dientes y las manos como lejanía absoluta de lo impersonal en mí.

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Pero he perdido desde que entendí esto: ninguna mujer pondría su interés en un hombre que haya escuchado sin reserva alguna la 2º Sinfonía de Mahler y haya estado a punto de sucumbir por ello.

viernes, 31 de julio de 2009

El espectador no es un genio: für dich.

"Un himno gigantesco a la gloria de todos los aspectos de la creación... al milagro de la primavera gracias a la cual todas las cosas viven, respiran, florecen, cantan y maduran, y después de la cual aparecen esos imperfectos seres que son los hombres". (Mahler sobre las necesidades de su 3º sinfonía).

Una sola cosa que anotar:

¡vivir por ti!, ¡morir por ti! / to live for you!, for you to die! / für dich leben!, für dich sterben!, Almschi!.

Mahler y su madre; el amor no hace más que querer re-iterar el sufrimiento de la madre.

für dich leben, los pizzicatos del 2º movimiento; "... la pieza más despreocupada que jamás haya escrito, despreocupada como solo las flores pueden serlo. Todo revolotea en el aire con gracia y liviandad".

el batallón convertido en flores,
la marcha de los contrabajos,
la prisa que quiebra en la urgencia,
el beso que traduce dos futuros sin enlace posible.
Decir que se ama,
nada,
en absoluto.
El acusativo, juego que a la inversa muerde la entrada (input) y la salida (output).

für dich sterben:

"¿Cómo te imaginas ambos, esposa y esposo, como compositores? ¿Tienes idea alguna de cuán ridicula y subsecuentemente idiosincrática rivalidad nos terminaría llevando a ambos a la destrucción? ¿Cómo sería si pasa que de pronto tu estés "de ánimo" ("in the mood") pero me tengas que andar buscando por la casa, o tengas que llevarme algo que de pronto yo necesitara, si tú andaras tras las estupideces de la vida por mí? -¿Significaría esto para ti terminar con tu propia vida, y piensas tú que lo podrías hacer sin un alto grado de ser sin el cuál no podrías vivir, si abandonas completamente tu música para así poseer - y también ser- la mía?"

(Carta a Alma, 19 de Diciembre, 1901).

Anotaciones posteriores de Alma:

"Él no piensa absolutamente nada de mi arte - y piensa gran cosa del suyo- y yo no pienso nada de su arte y gran cosa del mío. ¡Así es! Ahora habla constantemente de preservar su arte. Yo no puedo hacer eso. Habría funcionado con Zemlinsky, porque yo empatizo con su arte - él es un tipo brillante".

Cuatro días después de la carta, el 23 de Diciembre, se casan.

Al ejército de las flores le tendieron una celada antes de llegar siquiera a la frontera y se marchitó lentamente en su propio territorio.

El último en morir dijo: "¡Por ti vivir!, ¡por ti morir! ¡Desolada!"

Sólo que no se podría haber escuchado/escrito la 10º sinfonía sin

SOÑAR QUE DOS SON DOS Y SE ESPERAN.

domingo, 28 de junio de 2009

Aclaración de perdón, fracasé fracasé.

Leer primero, escuchar luego.

Hoy tuve que llamar al Zeto para ir a rezar juntos.
Me mojé y me mojé.
Los únicos en la iglesia.
Más tarde se cortó la luz.
/interrupción de la lectura/
Comprar velas.
Grabar sólo porque la luz y la tristeza lo ameritaban. Y el frío y el arrepentimiento también.

Esta harmónica no la he tocado mucho, pero la intuición se entiende:
la primera mitad (se sobreentiende cuál es la mitad) consta de un desliz fogosamente nostálgico.
la segunda mitad consta, en cambio, de la incapacidad de comunicación, de la necesidad del Juicio Final, de que se retiren inmediatamente de mi vista todos los objetos vivos.

Vuelvo al Okasha.

Pero me equivoqué: la peor manera de equivocarse es precisamente habiendo tenido la razón, habiéndola perdido luego, y finalmente habiéndola ganado ya demasiado tarde.

dejo el tema que se forjó a partir de una tristeza general (tristitia del Bien Externo, la lluvia en demasía), de ciertas toses, voces o risas (aquí se pierde esta distinción), que vendrían, no queda otra, a suplir la falta de "letras" en la composición.

La mierda (o la interrupción) es triste como un perro quieto en el pantano.

sábado, 27 de junio de 2009

Mearse el ojo izquierdo.

Estoy envuelto en humo de cigarro, desde hace ya un tiempo.

Esta enfermedad, esta irrisoria, intransigente enfermedad, pulsión izquierda desde lo maravilloso hacia lo anticuado, la desgracia definida entonces como el momento de la Segundidad en que del otro lado de la puerta alguien se retira, y al no encontrar cuerpo, resistencia alguna, busco rápidamente a un otro: el piso.

Riveros piensa que la electricidad es eterna. Sin embargo, yo sostengo sólo que primero se nos acabarán los ojos.

Tres personas se han intentado comunicar conmigo.

Max soñó que yo me mataba.

Nunca supe cómo estaba la Rebeca.

Una niña ocre de cortos vestidos; princesa de tierra cuyo Eros se equipara sólo al golpe del Titán. Salva los fenómenos como nadie y en su vida nunca leyó nada. Un abrazo extenso a través de las montañas.

viernes, 5 de junio de 2009

Sobre los abrazos escriturales o el retorno a la madre bajo la traición del Verbo (Oda a Cristian Soto).

I

Hace poco recibí un correo. Cuestiones de prueba, de validez, problemas de apuesta. La virilidad recibe el castigo de no dejarse amoldar por las enseñanzas de la Palabra. Y con ello la sabiduría ha quedado del lado del fracaso. Esto lo digo porque se me ha interpretado erróneamente: la cuestión verdadera, la del predicado, trataba no de un Juicio (ámbito de la Lógica), ni de una aserción en sentido peirceano -aserción que, a diferencia del Juicio, no responde al compromiso por su verdad. Se trataba más bien sobre un solo deseo que no surge, aparece, bajo ningún matiz, como la expresión de un elemento esencial al hombre, esto es, bajo la fórmula del deseo como determinación primera de la razonabilidad. No. Se trataba de un deseo corrompido y ya no-puro, nunca puro. Uno en especial que recibió del embate de los elementos que componen al Amor.

II

"Hace poco (only recently) hemos visto a un hombre americano, hombre de ciencia y armado como un tanque, discutir precisamente sobre el propósito de la educación. Yo mismo no estoy falto de culpa (guiltless) en esta cuestión puesto que durante mi juventud escribí algunos artículos para sostener (uphold, aufheben) una doctrina llamada Pragmatismo, a nombrar, que el significado y esencia de cada concepción yace en la aplicación que se hará de ella. Eso está todo muy bien, cuando apropiadamente entendido. No intento abjurar de ello. Pero la cuestión crisis es cuál es o sería aquella última aplicación; y en ese tiempo parezco haber estado inclinado a subordinar la concepción al acto, el conocer al hacer. La subsiguiente experiencia de la vida me ha enseñado que la única cosa que es realmente deseable sin una razón de serlo, es volver (render) las ideas y cosas razonables. Uno no puede hacer bien al demandar una razón para la razonabilidad misma." (Charles, Sanders, Peirce, 1900, "Review of Clark University, 1889-1899, Decennial Celebration", Science, New Series 11, 20 abril, 620-622, traducción mía).

III

En fin, más allá del resguardo de Spinoza:

"En un crudo día invernal, los puercoespines de una manada se apretaron unos contra otros para prestarse mutuo calor. Pero al hacerlo así, se hirieron recíprocamente con sus púas, y hubieron de separarse. Obligados de nuevo a juntarse, por el frío, volvieron a pincharse y a distanciarse. Estas alternativas de aproximación y alejamiento duraron hasta que les fue dado hallar una distancia media en la que ambos males resultaban mitigados." (Schopenhauer).

IV

Encontré la manera de dar a mi habitación una luz parcialmente regulada. Cubro la lámpara con un mapa de Santiago de Chile bastante grande. Pero no era eso a lo que quería llegar, quería enumerar toda la distancia que hay entre los objetos, yo y Mahler. Quería llegar al Mahler que estoy escuchando ahora. A esta y a la otra 7º Sinfonía. Han pasado dos meses ya desde que la dejé de escuchar. La recordaba sólo en el Metro, o cuando Quiroga la silbaba en el fracasal. Ciertamente no es la misma 7º con la que me había iniciado, y por lo mismo, cierro con esto un punto importante en el ciclo de Sinopoli. De la primera escena nunca supe quién era el conductor. Ahora es ese tejido de cortos susurros(Sinopoli)... (Sinopoli)... (Sinopoli)...


y fue mucho (Fin de la Sinfonía).

martes, 2 de junio de 2009

Fermandois (el llanto después de Wittgenstein).

Hoy encontré un gato negro en mi departamento, muy sentado en mi sillón.

quise llamar a la francisca y preguntarle qué había que hacer
en situaciones como esas.

pero no, llamé a lautaro y me dijo que me lo comiera.

después llamé a zeto y me dijo que estaba todo un experto en gatos, de suerte que me podía hacer asistir legítimamente por él.

el gato comió pollo, luego le enseñé mi pieza. me arañó y se frotó, primero contra mi cuerpo, más tarde contra las puertas y las paredes de la casa.

al final, le expliqué que se nos venía encima un co-habitante y me tuve que despedir de él, haciéndole gestos de adiós con la bufanda.

salió al balcón y saltó sin dar explicaciones.

una visita con poca luz, breve y en misterioso silencio.

los hombres no hemos aprendido nada de ese gato.

esto es muy alegre.

domingo, 24 de mayo de 2009

Terceridad.



improvisación.

la 3º parte en sol.

algunas en re, no sé.

martes, 19 de mayo de 2009

Peirce/Kant: El tic-tac de las flores.

A veces, ciertamente no se necesita familiaridad precisa alguna con las obras del gran maestro para detectar el carácter frívolo y mezquino de los comentarios que se hacen a sus ideas. Si un comentarista pone de relieve una gran inconsistencia del kantismo sea consigo mismo, sea con la verdad obvia, pero lo apoya alegando sólo una o dos frases de la Crítica de la razón pura, ¿quién no puede dejar de ver que al igual que "ninguna profecía es de interpretación privada" tampoco aquí - estén manipuladas o no las citas- la cuestión es la de si el individuo Kant es inconsciente, sino la de si lo es o no el trascendentalismo, su gran legado a la raza humana? Dicho de otra manera, si un escritor tiene la costumbre de hablar de Kant como de un Don Quijote, como de una mente loca, como de un eunuco filosófico, como de un adepto exquisitamente embriagado, y de su filosofía como de una imbecilidad infinita, como de una jerga desesperada e histérica, como de una pequeña y brillante pedantería, como de un parloteo desconcertante, ¿no es acaso evidente que este hombre no puede entender la fuente del poder de Kant? Un hombre no puede ser un loco y haber tenido el poder que Kant ha tenido en el mundo. Podemos, en efecto, decir de él lo que él mismo dijo de Hume: "El destino desde siempre desfavorable a la metafísica no quiso que nadie le entendiera. No es posible ver sin un cierto sentimiento de dolor cómo adversarios suyos tales como Reid, Oswald, Beattie, y finalmente también Priestly, no captaron el núcleo de su problema; y que mientras daban por supuesto precisamente lo que él ponía en duda probaban por el contrario con vehemencia, y también con gran indecencia, lo que a él nunca se le había pasado por la cabeza cuestionar, ignorando así sus indicaciones de perfeccionamiento, quedando todo como antes, como si nada hubiese pasado". ("Lección sobre Kant", Charles S. Peirce, 1865, Traducción y notas de José Vericat).

Recuerdo con esto los bríos de ciertos estudiantes de filosofía tanto en los lugares públicos como en las salas de clases, al referirse a Kant, rechazándolo de manera violenta y despreocupada, elevándose en su alegato por sobre todos los demás, a los que no se les concedió nunca la posibilidad de la réplica. Lamento que estos hombres sigan insistiendo en la vida, pero por ahí andan, sueltos y peligrosos. Hay algunos que se ha convertido en ayudantes de la cátedra de Lógica, por ejemplo. Dudo que Kant hubiera estado de acuerdo en ello.

jueves, 14 de mayo de 2009

El imperio bizantino.

"El cristianismo tomó pronto la orientación que consiste en explicar, definir lo objetivo, los dogmas. Ahora esto ofrece menos interés, porque miramos más a la religiosidad, a lo subjetivo de la religión. Los padres de la Iglesia filosofaron e intentaron dar satisfacción al espíritu pensante; reflexionaron sobre las doctrinas sencillas del cristianismo, conformemente a las necesidades del espíritu, tras de lo cual se dedicaron también a la ordenación de las fiestas. Pero esta reflexión se unió con todas las particularidades de las pasiones. Disputóse sobre el dogma; el pueblo tomó parte en estas disputas. La determinación del concepto doctrinal correspondía, sin duda, a los concilios y a los obispos. Pero el principio de la religión cristiana es la libertad, la evidencia subjetiva; por eso las disputas caían también en las manos de la multitud. Gregorio de Nyssa dice en algún pasaje: que la ciudad (Constantinopla) estaba llena de obreros, artesanos y mercaderes que discutían sobre las verdades divinas. "Si queréis cambiar una moneda de plata a un hombre, este filosofa sobre el creado y el increado; si preguntáis el precio de una libra de pan, se os dará por respuesta que el hijo es inferior al padre, y si preguntáis por el baño, se os contestará que el hijo nació de la nada". La idea del espíritu, que está contenida en el dogma, era, pues, tratada con ausencia de toda espiritualidad." (F.W.Hegel, "Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal", p.578).

Iglesia, ardid de la razón,
enjuicia si acaso soy un bárbaro
o un descendiente de Estilicón
en cuyo espíritu está la mujer de indomable;
los ojos de pura abundancia,
y la prostitución
de altísima Providencia.

Agregado posterior: La culpa nunca fue tan positiva.

jueves, 7 de mayo de 2009

La mujer no lee a la Vieja (o cómo invitar/procrear/exacerbar).

A JOSELIN ROBLES

¡Pobre amigo! yo nunca supe
de tu semblante ni tu voz;
sólo tus versos me contaron
que en tu lírico corazón
la paloma de los veinte años
tenía cuello gemidor.

(Algunos versos eran diáfanos
y daban timbre de cristal;
otros tenían como un modo
apacible de sollozar).

¿Y ahora? ahora en todo viento,
sobre el llano o sobre la mar,
bajo el malva de los crepúsculos
o la luna llena estival,
hinchas el dócil caramillo
-mucho más leve y musical-

¡sin el temblor incontenible
que yo tengo al balbucear
la invariable pregunta lívida
con que araño la oscuridad!

Tú, que ya sabes, tienes mansas
de Dios el habla y la canción;
yo muerdo un verso de locura
en cada tarde, muerto el sol.

Dulce poeta, que en las nubes
que ahora se rizan hacia el sur,
Dios me dibuje tu semblante
en dos sobrios toques de luz.

Y yo te escuche los acentos
en la espuma del surtidor,
para que sepa por el gesto
y te conozca por la voz,
¡si las lunas llenas no miran
escarlata tu corazón!

(Extraído falazmente de "Presencia de la Vieja en Chillán", (a) Carlos René Ibacache Ibacache).


Uno sólo intentó ser la miel de maguey

transformarse en la espesa masa de tzoalli

a la manera de una imágen divina

y consagrar la amistad

en la mezcla

como devoración azteca

mas nunca española.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Amarantónimos.

Fracasar.

(Cf. it. fracassare/cassare).

1.
intr. Dicho de una pretensión o de un proyecto: frustrarse (malograrse).
2.
intr. Dicho de una persona: Tener resultado adverso en un negocio.
3.
intr. Dicho especialmente de una embarcación cuando ha tropezado con un escollo: Romperse, hacerse pedazos y desmenuzarse.
4.
tr. desus. destrozar (hacer trozos algo).

(Cf. lat. quassare)
1. intr. Sacudir.
2. intr. Agitar.
3. intr. Cascar.

Hay que hacer algo con la muerte. Y rápido. Si el cofre, el ataúd -críptico-, no encierra nunca una figura presente, si no hay recuerdo del muerto en tanto que muerto (y nunca se recuerda a un muerto sin recordar la vida del muerto, pues la imágen es acompañada de significaciones textuales, intertextuales, en algunos casos acompañadas de risas, comentarios, frases o insultos) no se llena, no se termina de llenar, el espacio de ataúd: Está la imposibilidad de introducir la imágen del muerto (su vida, su gesto) dentro del ataúd. Esta resistencia, este acoplarse pictórico y sistemático del significado puro a la madera, a los bordes remarcables de lo que no es ya un féretro: ese no ser nativos, no culturalmente feretrales, pues archi-sabido que los egipcios consideraban el féretro como féretro y no como ataúd: pherein, llevar, cargar, y en un mismo gesto, abrazar. Pero en el ataúd no va nadie. Ningún cuerpo, ninguna vida (Bios), ningún utensilio; es la situación insostenible de la vida: todo lo que se tiene del muerto se cuelga del ataúd, sin ingresar, sin ser asimilado, devorado. El féretro carga, va cargado, no con un muerto o como muerto, sino con utensilios (la culpabilidad: ese carácter del que se impregnan los objetos cuando los objetos son testigos irrevocables del sacer factum, el hecho sagrado y maldito , el poder matar sin ser sacrificado, pues sólo de eso se tiene verdadera y honesta culpa), es decir, lleva objetos a los que el difunto está asociado. Defunctus: "que ha cumplido con su deber". Primero se muere, sólo después (en un después determinado) se es difunto: cumplir el deber de llevar, de cargar con y a los objetos, mímesis, división que era soportable, de llevarse consigo a los testigos (primeramente espadas, cadenas, vasos rotos, frascos de vidrio que encerraban diversas sustancias [la sangre de la mujer a la que desvirgaron, una de ellas], pues sólo así se cumple el deber de la muerte, el deber-morir. El ataúd, en cambio, situación nuestra, consagra: consagra la ausencia porque verdadera falta del muerto: el muerto nunca es enterrado, se entierra una sola, solitaria caja de madera, pero lo que se quiso enterrar queda fuera, y, por lo mismo, nunca se termina de enterrar al muerto: el conjunto de verdaderos recuerdos, de verdaderos cuerpos, son aquí los del muerto en tanto que tal. Lo vivo queda de nuestro lado, para siempre, pues de su lado nadie acusa recibo. Insisto: nada cabe en el ataúd, ese cierto no-lugar, lo que se llevaría la muerte como su propia y real muerte. Pues "El ataúd existe sólo para fingir
la muerte". El ataúd no lleva nada de acá para allá, como trayendo la seguridad de una muerte entre otras, todo queda pendiente. Se forma un tumulto en los orificios, esperando entrar, reconocer y llenar de una vez por todas ese su (presunto) locus vacuo. Mejor concluír: el ataúd no sino la metáfora (meta-pherein), la metáfora no sino el otro abrazo.

Fracasar: no-morir o no-terminar nunca de morir. Morir peor, morir mal, al infinito, es decir, no haber muerto ya/nunca.

No-morir en/por/de la madre.

No tener cómo, no saber cómo, cómo morir. Problemas de ataúd, de falta de ataúd o de falta de abrazos.

sábado, 2 de mayo de 2009

AMAR-anta.

"En otra ocasión, estando yo sentada en mí habitación, y Mahler en la suya, trabajando, rompió repentinamente el silencio un ruidito que venía lejanamente de abajo. Era un antiguo y trémulo organillo italiano. Corrí a la puerta y les pedí que se alejaran inmediatamente, pagándoles por ello. El ruido interrumpió de inmediato. Entonces apareció repentinamente Mahler: '¡Qué organillo encantador. Me transportó a mi infancia. Lastima que haya dejado de tocar!'" (Alma).

"Voy a tener que buscar (...) otra imaginación" (Anta).

Los puntos suspensivos, menuda molestia. El solo pensar que los brebajes recubren los silencios con el aplomo de los invencibles. La imposibilidad de capturar la cita, la frase, en su momento, no el olvido: incapacidad de verdad, de la verdad. Haber querido decir otra cosa, haberlo dicho ya, en otro lugar, ser tomado siempre por (lo) otro: mi doble falta. Ese faltar de tu cita, la frase, nuestro hijo, Casaroja: me falta una (tu) sola escena. Aquella palabra a la que debo traicionar, traicionándome primero a mí, luego a ti: necesidad de ese orden, de esa ley que sólo (se) desobedece porque obediencia absoluta a la falta. No mantengo ninguna agrupación de tu discurso por lo fracturado de los objetos circundantes, esas señales que son cada uno de tus imperceptibles movimientos. Y como afirmar esto es ya entrar en el terreno de lo voluptuoso (esa indecible necesidad de auto-pervertirme, de auto-clavarme a la Cruz), debo amar-rarme al tacto y proferir mi ruego, un perdón irresoluto y sin destino. No hay recuerdo más ágil que el recuerdo químico: no son las palabras ni el conjunto corporal de lo visiblemente vital, es la muerte estática de toda palabra, la desparición completa del cuerpo que alguna vez tomó las manos del tuyo.

PS: como si pedir perdón fuera dar las gracias; es que definitivamente uno se ha equivocado
soñando sin poder dormir en absoluto.

PS2: buscar la imaginación en Mahler. Esa invitación casi-solemne; asquerosa, quiero decir.

viernes, 1 de mayo de 2009

El estatuto alterante de la dedicatoria.

"En la 2º sinfonía de M. está el amor de la 6º, la danza y belleza de la 4º, lo bélico de la 7º, lo postergado de la 9º; estoy destinado a escuchar a M., no lo voy a poder dejar de escuchar nunca, me enamoré, me enamoré."

Con amor de la sexta, me refiero al segundo movimiento, a esas cartas de amor: "Mientras en el mundo se escuche la sexta sinfonía, el mundo sabrá cuánto te amé"; de la cuarta, a la quietud y los compases cilíndricos, a la disposición del ritmo, a los intervalos (ley de la intermitencia), finalmente: Nuestros intervalos son diferentes, esperan siempre otro tiempo, pero son también lo mismo: tienen como fin recordarnos. Con lo bélico, no me refiero únicamente a la guerra, en la 7º hay mucho escándalo y desierto; lo dicho no puede transgredirse, el primer y último movimiento como las tenazas que quisieron abrazarlo todo. Lo postergado refiere al miedo. Miedo tradicional (cristiano) a la muerte, transformación de M. al cristianismo (casi-aban-dono de lo judío), con esas palabras, esa afirmación (pero negación, más fuerte, en el fondo), del ser-para-la-muerte y la postergación-de-la-muerte como escritura fundamental en un momento determinado después de Beethoven (Mahler-Mozart); sí, otro estilo, otras cartas que anticipan de otra manera (re-escriben) otra pasión: la pasión por la espera del otro. Andrea: fin de toda anotación posible.

martes, 14 de abril de 2009

¡Mahler, otra vez!

Si nuestro amor está hecho, llena de paz el alma.
Ruhe, tu cuello.

4º Sinfonía de Mahler: el público de violines.

el oboe maldito que sale de su lengua.

este mundo no tiene engranajes, el montaje dividido, la responsabilidad de la percusión,
el arpa oculta de los ángeles. sus envolturas, un paseo por la ciudad. torres negras. el temor a los colores muy amontonados.

Sehr behaglich. Quiero ver tu nombre clavado a mi canto. nuestro frío cabalga desde venus.

nuestro amor está hecho, San Pedro, te lo digo y retiro mis palabras.

¿De qué está compuesto este sobrecogimiento?

Los nombres de la literatura, los nombres del libro, los autores, no se podrían conservar sin estas corcheas o semifusas.

Si Mahler lo detiene todo,
tu amor es lo otro que Mahler.

Si puedo conocer algo por su contrario,
¡Otro paso adelante, Gustav!

lunes, 13 de abril de 2009

Crítica de la mujer pura.

Sus calcetines ocultos
la mirada malvergonzada:
cómo reducir los recuerdos!

miércoles, 8 de abril de 2009

La incomprensión.

Los libros siempre fueron esos pequeños monstruos que se deslizaban
a jugar con nosotros, llevándonos a escondernos bajo la cama
y empezar a caminar por lugares
sólo interrumpidos/disueltos por la Ley Maternácula:
"A comer!".

miércoles, 1 de abril de 2009

Dichoso es el hombre que sufre las tentaciones.

Escena(s):

Y en efecto, la vida estuvo allí. Sin fármacos, se dijo, se nombró la tierra más allá de su propio proyecto. Se desbordó hacia adentro. El Universo (tus ojos) como disposición agápica frente a lo inesperado. El mar es como la tormenta, el mar es como la arena, el mar es como la lluvia reventando en la pobreza, el mar es como tus labios, pero todo esto -es cosa de saber decir-, als ob nada fuera cierto. Ni el lenguaje, tu lengua. Los poros de tu lengua. Visualizar la vida en un televisor, anticiparla.

Instrucción Militar:

Intuición de la mujer = Contusión del prisionero.

pedir ser prisionero o convertirse en objeto de su aparato respiratorio-sonoro.

se repetirá el quejido del calabozo, como clave de su pista, es decir, como traducción de sus dígitos:

uno está liquidado, por fuera. Es decir, de manera superficial. Y esto puede llegar a no-saberse. Enumeraremos:
1.-La vida, 2.-el árbol, 3.-el fruto, 4.-el remedio, 5.-la semilla, 6.-la tierra, 7.-la ciudad, 8.-las revoluciones, 9.-la filosofía, 10.-el amor estratégico, 11.-el mesías, 12.-La Odisea, 13.-El Triunfo del Sol, 14.-Poseidón, 15.-Marxismo agro-pecuario, 16.-el amor (de nuevo) estratégico, 17.-"Es cosa de saber leer", 18.-Vaihinger, 19.-Wittgenstein, 20.-lo prohibido, 21.-el abecedario, 22.-la pantera rosa, 23.-la muerte.

Fin.

Por qué no hay espacio aquí? Por qué estas letras cansadas, apretadas? letras sin medida, nadie concibió esta situación. Hay que mandar sobre la palabra. Amenazar con separar las letras, con desunificar el Imperio. Generar espacio: abrir ventanas, limpiar la casa, habilitar una silla en el balcón, espacio... en el fondo. Cómo llega a suceder esto? estas puertas así tan como cerradas de pronto, estas toallas y sus antiguos bailes, la cantidad enorme de lápices, ni hablar de los libros. Cómo es que estas palabras-letras de pronto se asfixiaron en mi cuerpo? Cómo es que no se ha podido salir nunca de ciertas líneas negras -cabellos negros, sí, tus hermosos cabellos negros? Concatenación de errores. Desacierto abrupto. Chiste de pacos en cena con los suegros. Agravio fuerte y deshonesto. Belleza femínea. Sentir que han capitalizado el amor.

Es como si me rajaran tus bocanadas de caldera monstruosa
y tropezaran contra mi nuca
montones de metales tristes
pidiendome que los toque despacito

Yo no puedo más, en el sentido de que ya-no-pue-do-más,
es decir, el ardor de la noche, nuestra noche, la noche en que ambos dormimos en nuestras camas
y por eso mismo, juntos.

sentir envidia de la desgracia terrenal
de los llantos arrinconados y amariconados
en los bares de pulgas naranjas que se gritan
intermitentemente en cada oreja

no puedo estar aquí,
devuélveme mis ojos que se los ha llevado tu cuerpo!
necesito esconderme,
terminar la máquina y encender el generador de complicidad
y disimulación.

quiero abandonarme a ti
tal como se abandonan los bailarines en un giro apasionado.

soy una casa demolida cuyo terreno más básico
está a la venta

por qué nunca me escribes?

necesito cartas, imaginar los vuelos de tu mano, las hendiduras de tus uñas, la amplitud de tu muñeca, el movimiento que haces al escribir las mayúsculas; ubicar en las hojas la tinta que derrames, imaginar tu consiguiente amargura, tu querer borrarlo todo, tu empezar la carta de nuevo, tu considerar la posibilidad de no poder copiar el mensaje tal y como estaba, tu miedo a tener que escribir de nuevo, otra carta. Tu pensar en hacer una más corta, y tu esperar tiempo antes de enviarla. Tu ligero miedo a que todo sea malinterpretado por mí. Tu pensar que estoy evaluándote. Luego, tu verter tinta sobre ésta también. Y tu llorar enormemente. Tu sacar otra hoja y tu nueva sospecha. Tu mensaje, nuevo mensaje, pensar en cómo escribirlo de nuevo. Tu olvidarse en gran parte del mensaje original y tu olvidarse también en gran parte del amor que sentías por mí. Tu distinta escritura, tu querida distinta escritura, tu querer hacer algo más breve. Sólo un "te quiero". Tu fuerte miedo a que todo sea malinterpretado por mí. Tu pensar que te abandonaré. Tu verter tinta sobre ésta también. Tu llorar eternamente. Tu sacar otra hoja y tu nueva sospecha. Las letras cambiarán de lugar, unas desaparecerán primero, otras después. La primera letra, la "t", se irá al último. La hoja en blanco. Tu meterla al sobre, ese sellarse con tu saliva -maldita saliva- y luego ese decidir de tu parte, de enviarme una carta, vacía, sin casi yo saberlo.

Pero me llegó a la tarde siguiente, como un perrito deslizándose bajo mi puerta. Lo tomé y lo abracé. Lloré encima -y debajo- de él y lo amé profundamente. Luego me dije que aquello no era del todo cierto y volví a hacer uso de la razón. Era una carta. Pero tuya.

Para ti es fácil. Me envias una carta en blanco, una hoja, un... papel. Y soy yo el que tiene que permanecer sentado, el resto de su vida, frente a un rectángulo sin color, sin letras, sin palabras, sin aire, sin sol, sin juegos, sin bromas, sin libros, sin filosofía, sin queso, sin caballos, sin alma, sin camino, sin aliento, sin amor, sin ropa, sin piscinas, sin condones, sin bicicletas, sin conversaciones nocturnas, sin paseos a la playa, sin intimidad, sin pudor, sin respeto, sin hechos, sin mundo, sin proposición, sin boca, sin alegría, sin descubrimiento, sin estadía, sin política, sin tiempo, sin deleite, sin amparo, sin condonación, sin libertad, sin barco, sin sueños compartidos, sin conmoción, sin disputa, sin sentido, sin helados, sin arañas, y por sobre todo sin nada, porque nada de esto es lo único que podría tener de ti.

domingo, 29 de marzo de 2009

4º Sinfonía de Mahler. ("composición" y descomposición)

Mahler, esa voz de los intervalos.

Esas grabaciones antiguas, sin record, casi. Wilhelm Mengelberg y su interpretación vital de la 4º Sinfonía. Este límite pacífico de la tranquilidad, el compás. El viento arrugando los árboles por sobre nuestros ojos. Ahora suena el Ruhevoll, mientras escribo. Elevar la lentitud al movimiento, y, al mismo tiempo, esa locura, ese giro que es usual ver en los esquemas modernos, no un aspecto olvidado por Mengelberg, sino, asumido con toda su fuerza, fuerza de Mahler, que cobraría después, cuando pide a su esposa que decida entre su música de pianos pobres y la eréctil obra del arquitecto. Mahler es abandonado, en su muerte, es decir, todavía antes, como disimulación. Este juego de tiempos que anticipa Mengelberg -Ruhevoll, de nuevo-, como sonido de esos movimientos, tintineos, intervalos, praderas y surcos. Sin apuro, y entonces, producción de la serenidad como estado complejo de la calma. Me cuesta pensar con claridad en la 4º Sinfonía. Pero creo que en sus repeticiones, produce (produit), hace llegar -constancia-, un miedo astuto. Hasta antes de Sehr Behaglich, sólo hay llanto una vez, una sola vez. Pero si miedo, tiempo de viajes, viajes tranquilos, vientos fuertes, animales salvajes; una sóla cosa: La ataraxia por-venir.

En Mahler, pienso, hay muchos pasos inciertos que no puedo ver, no puedo escuchar. Tendré que insistir, luego.

Pero Debussy: por qué te fuiste!