domingo, 28 de diciembre de 2008

El pájaro de bolsillo.

Las tijeras tienden a mis ojos. Yo arranco y me voy a ver una película de Kusturica. Siento en mi ovalo izquierdo como si tuviera un hematoma en pleno nervio óptico. Me acuerdo de haber escrito muchas cosas estúpidas; cuando pensaba que el Ser no podía hallarse en la abstracción de la cosa intentaba justificar geográficamente al Dasein. Pero el 'allí' llegó tarde. Señala la piedra de un río en el que el color promedio de todo cuanto se pudiera ver en derredor es un color verde oscuro. Los peces mueren en mi boca. El Lugar Sagrado se demora. el 'allí' me clavó una pluma en la tráqúéá. Duele tanto que dan ganas de escupir la cabeza. Una buena historia de amor tendría que terminar con el sentimiento de lo inoportuno. Lo que hago aquí es señalarme ridículamente para evitar ir a almorzar con mi familia. ¡Cómo no pensar en el Lugar Sagrado! Estoy pensando en irme a disfrutarlo hacia atrás y adelante de la siguiente manera: Succionando algún clítoris dentro de un sarcófago y tirando rosas con miel por la borda de la tormenta sin devoción ni entusiasmo. El gatillo se jalará en el orgasmo y forzaré a la puta a la necrofilia.

Viva la soledad
y su pedregoso
despliegue.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

el electrón del siglo XXI

Lo inerte se ha vuelto erótico.

empiezo a detestar las palabras. pero más que las palabras empiezo a detestar el comienzo de la escritura. decir el patrón que subyace al "hoy..." se presenta en mí como la angustia de los trenes/ sin compañía de los zurcos/ eólicos. pero es verdad. dan ganas de empezar de verdad. de buscar la fuerza (aún sabiendo el fracaso que conlleva) en la iterabilidad. sabido es que podría ser una fuerza perdida, ya dispersada desde siempre a la manera de los perdigones sobre un conejo. escribir el deseo está difícil. difícil en el sentido en que el origen del hambre no puede hacer referencia a sí mismo. los juegos de computador lo entendieron. hay siempre una última plataforma y el personaje es conducido a la muerte para escribir el asombro. o para mostrar lo indecible. no da igual. ¿cuál será el límite de la desconfianza? me refiero a que cuando le digo a alguien: "no te mates", "no te aburras", "que estés bien", "cuídate", "pásalo bien", "ya", etc. siempre caigo en la convicción segura de no estar diciendo nada fuera de lo político. pero eso suena feo. en realidad es tan simple como no darse a entender. o preguntarse: ¿cómo hacer para que me crean? entonces pienso en fórmulas más insistentes. en pronunciar la verdad, por ejemplo. o escribir: "de verdad" o "DE VERDAD", o "en serio" o "EN SERIO". o todo junto y a la vez. pero ahí es cuando fallo en el espacio y el tiempo. dos cosas que estan en el mismo tiempo sólo pueden estar en distintos espacios. así también, dos cosas que están en el mismo espacio sólo pueden estarlo en distintos tiempos. el cruce que hace mi conciencia, o mi pensamiento, en el esfuerzo voraz de realizarlo, sólo puede provocar tranquilidad dentro de ella. me tranquilizo solo. así, Yo soy el límite de la desconfianza. cuando el deseo se me presenta en una magnitud real, palpable, entonces hago un descubrimiento. el deseo no es verdadero ni falso. aparece con mucho sentido en mí y balbuceo. le llega al otro como una estructura, como la tranquilidad estable de la estructura. sin embargo, en mí sólo hay locura y muerte. sólo hay locura, muerte y desgarramiento profundo. deseos de verdad. lo bueno y lo malo no entran en esta discusión. el deseo lo cubre todo y en su cobertura esconde un punto intraducible: la fuerza que es su contradicción o que se presenta a partir de ella. quizá en esto yace toda pataleta contra la escritura a partir de una cierta "imposibilidad". si el deseo se me presenta, y lo pronuncio, sé que he fracasado. se me responderá sin locura, porque se me respondera significativamente, y podría (no) entender nada. lo cual pone el caso límite de que al otro le esté pasando lo mismo. ir más allá de esta especulación pone en juego la verdad de lo otro. pero para qué. mejor que la risa haga llover todos mis pensamientos desgraciados en el barranco donde el vértigo se convierte en el único aliado posible: una suerte de buena creencia. de cualquier modo, insistir en lo verdadero del deseo conlleva a la regresión al infinito. la duda-práctica radical comete homicidio por inverosímil. la confianza es un exceso de la razón y la desconfianza no es más que la frontera de una patria en cuarentena.

¿qué se puede hacer?

volver al punto de partida, dejarse amarrar por la locura y gritar histéricamente la muerte,
pero hacer todo esto
sólo
sólo por hacer algo.

lunes, 15 de diciembre de 2008

beber a tientas.

El nombre ayuda; el manjar empuja y algo empieza. Todo está revuelto a mano gélida y heridas abiertas. La almohada me exige respeto y yo fallo, como en muchas otras cosas (para qué dar ejemplos). Y no fallo como un arquero que no ha logrado dar en el centro del blanco. O fuera de él. Fallo como un arquero al que se le ha quebrado el arma en las manos en medio de la batalla y que ya no sabe qué hacer. No sabe si huír o quedarse. Ambas cosas devienen en un destino asqueroso y pútrido. Sí a la guerra, no al amor. Hay que ir a llorar a la pieza de uno, solo y con una Fanta. Dormir poco, levantarse cada media hora con los ojos bajo presión cerebral e intentar conectarse al messenger para ver si ocurre algo. Hacerlo unas 5 veces como mínimo. No encontrar lo que se busca. No saberlo. Perderse y encontrarse perdido. Perdido en un punto fijo. En el punto B de la recta AC. El lugar sí importa. No entiendo dos cosas: estar vivo y por qué tengo amigos. Me voy a pegar un adhesivo en el pecho y estaré prendado por los espíritus de mi propia historia. La imaginación hará de las suyas tal como las llaves de la cocina se las arreglan para reconstruir los ríos de mi Babilonia. Voy a tener que acumular pulgas en mi ropa. Ojalá garrapatas. Dejar de bañarme. Ya comprobé que no ayuda en nada. El calor y el dolor de espalda son dos engranajes que maquinan constantemente para destruirme. Hoy seré fuerte y aburrido. Empezaré mil historias. No terminaré ninguna. No entiendo a aquellos. Citarla al balcón del mundo y lanzarse dejando todo el alcohol bebido sobre su cama. Sería poco. Pero no seré violento. Seré solo. Y ahí vuelvo al punto de partida. Los autos chocan, hombres besan abuelitas. Las cortinas de mi pieza se oscurecen. Quizás gritarían como padres que quisieran una mujer para su hijo. Hay que dejarlo todo. Abandonarse y deshilachar la materia que hace que uno sea uno. Vivir desesperado y tranquilo. A veces creo que mis ojos están más cansados que yo mismo. Los acaricio y quiero salir corriendo de mí. El amor está enfermo en mi cuerpo. No se ha levantado en mucho tiempo. Vengan a visitarlo. Vengan a vistarlo como a una mujer a punto de parir un ser humano.

(hablarle a un universal; a un público; a una persona; o a un poco de cada cosa en distintos lugares del discurso equivale a buscar desenfrenadamente una bandera que defender o un sueño que me haga despertar como si lo más amado de la vida fuera a persistir en lo sensible)

Capitanías de Geraldo.

"se levanta la mano
y nos dirigimos convergiendo
como un carrusel donde los caballos todos
fueran a chocar en su centro."

- § 50.

me levanté temprano. todo está desordenado y los libros abiertos como una puta virgen. tomé un café y me fumé un cigarro arriba de la fenomenología del espíritu tratando de que el lenguaje no me desgarrara también a mí. la furia del monte ararat está en el baño. la iliada trata de encender los parlantes del computador. el tractatus en alemán besa un diccionario en alemán. esto es muy hermoso. de repente lo descubrí todo. la bolsa de tabaco tiene hambre y la pipa está lejos en la mesa combatiendo contra la temperatura que le ha dejado una noche de duro trabajo. camino por la casa y todos los objetos murmuran contra mí en secreto. los platos de sopa están desérticos: el aire enrarecido congeló la sustancia. los fósforos lloraron: copihue ha muerto. las colillas de cigarro en sus campos de concentración yacen todos como cuerpos verdaderamente inútiles. esperan ser lanzados en bolsas a los ríos y expelen olor a carne quemada. la pantalla del computador me mira y yo no puedo encontrar sus ojos. los lápices duermen con lentitud. el amarillo se acostó un poco lejos. algo ocurrió anoche; todo es sospechoso, nada está en su lugar y todo parece cansado. trato de no hacer ruido para no despertar a los libros o a la guitarra. en general el silencio ahora es macabro: todos los objetos de mi casa conservan un misterio inextirpable: ya no me pertenecen. no estuve ahí cuando me necesitaron. la verdad es que me acosté muy temprano y no supe bien qué pasó. trato de adivinar y de representarmelo todo, especulando como un mosquetero con su sable. en fin. esto pasa porque al acostarse uno olvida apagar el mundo. hay que empezar a ahorrar ousía. definitivamente.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

El canto de la espada.

alma alguna que se pierde
no nombrada en absoluto
abrasada por las tuercas
y el pan de la mañana

entroncaste los pensamientos más viles
tal como se desatan las tormentas
en los ojos venideros

pobres hojas las que aparecen
volando
y resisten mi negra amargura

¡eran cien años!
la promesa fuera del tiempo
todo era perdonado

los animales reunidos
se botaron a morir
ardieron en el quinto infierno

pobre dama, pobre
sí, verdaderamente pobre
y siento sus ojos
como ventanas derretidas

ay, luz
luz de cajas vacías
apresúrate que el tiempo es insolente
todos acabamos antes de lo esperado
el buque se partió en la tristeza

llorarán los hombres
cuando olviden la silueta
de las mujeres amadas
y separados por una frágil señal
nacerá la Memoria
vacía y rechistando

es el Recuerdo
forjado con tinta de herreros
blandido contra sí mismo
último confidente ante el suicidio de la gramática

finalmente
entregados al amor
todos esperan ser degradados
y destrozados por la soledad
sin movimiento

juntos como el arroz
como las ratas señoriales
el olor a familiar muerto
se queda en las pestañas dislocadas
y relinchando con fuego sobre el mundo
dos gritos parten
y los ángeles reptan por la tierra

¡cómo quisieron tocarte
las bellas criaturas desde los sueños
que profundos e inevitables
formaban una cárcel de caricias!

errante y grotesco
hemos aplastado a nuestras niñas
sí, ¡a nuestras niñas!
y hemos crecido tronantes sobre el cielo
que escapa de la justicia más humana
para decir de pie
que estamos solos

la mujer que destila en mi pieza
abarca la negrura como un gran sillón felpudo
como una araña inverosímil
dudosa hasta lo virtuoso

¡gran paso!
aquél que no murió ya
supo guardar todo el amor que cupiera
en la tumba del dios geográfico
y reventará ahora chocando contra las paredes
perdido en orgasmos predilectos
gateando como volcán moribundo
y cuya lava se vaciara una y otra vez
sobre los espacios divididos

el corazón
más triste
de un pájaro extranjero

público y solicitado
apremiado y con riendas de esmeralda
los venidos de un punto partido en dos
han cantado el lugar imposible:
todo deviene en la tranquilidad
y el desgarramiento especial
de las flores imaginadas

pequeñas esperanzas distribuidas
¡unifiquen el imperio de mi cuerpo!
tu boca estará oculta
en un templo grande, señorío apagado,
caballos en fuga y distantes:
en nada envidio
al horizonte

pronto reiremos
y buscaremos nuestras manos leprosas e insensibles
¡ahí nos tocaremos sin saberlo
y una grávida luz
se llevará el cielo!

abandonados entonces
olvidados del mundo y en el mundo todavía
gentío de libélulas acorazadas
llenando el espíritu, como aquella vez,
y repitiendo conmigo
la barrera desprotegida y violada con furia
dime si no es un regalo hermoso
el jugo de los aromas al unirse
bendecidos ya por siempre
en los catres de la amargura
solos
y para siempre
resistiendo en nuestros corazones
lo eterno

¡vivamos sobre la lápida!
nada gastaremos mas que la piedra
y la piedra es quien más te ama
allá los muertos no levantaron mano alguna
mas disponibles como estaban
giraron en torno a nuestros espasmos de locura

¡vivamos sobre la lápida!
con ella agotaremos el espacio
¡y reduciremos los tristes poblados asesinos
que amenazaran con interrumpirnos!

solos y con un puro secreto de polvos descoloridos
lánguidas melenas chillando por debajo
de nuestras tradiciones verbales
así, serás mi espada-espada
oh, mujer sin alas,
noche de estrellas almacenadas,
loca hermana del vientre y
blasfemia que anda a tientas:
¿cuántos de los que han probado siquiera
la larga espera no se han horrorizado
y faltado en murmullos y elaborados planes
ante los Vigilantes del paño virgen?

¿qué pondré entonces
en medio de nosotros
dividiendo infinitamente las hojas
para dormir tranquilos?

espada-espada
¡a ti mujer te pondré en medio
como promesa de lo altísimo
que llegara a tocarnos siquiera
la séptima noche
y esperarás cenicienta
con ceniza en los labios
a que me descubran por oro
los hijos del demonio
y se arrastrarán envidiosos y cargados de pesadumbre
poblarán mis ojos y mi corazón enteros
para que yo pierda todo lo que aún es precioso
y aún ladrarán en los rincones amontonados
de los bares nocturnos
y los grillos no gritarán tan fuerte
como para volver sobre tu cuerpo
y tu cuerpo estará quieto
¡invitándome!
mas eres mi espada-espada
y te pondré entre nosotros
como acuerdan los ancianos
y los que barbas ostentan
tú serás mi promesa
espada-espada sin vaina
y sedienta del terror que murmura
entre las nubes y la luna semipálida
tú lo serás
y una noche esperaré
sabiendo quién se acerca
otra esperaré
preparando oraciones contra la Bestia
aún otra se vendrá encima
con mayor silencio y menos agradable
ésta será decisiva
la guerra ha empezado
y los demonios de la traición poblarán
entre mis soldados inoportunos y entregarán
estupefacientes a los mortales los divinos
y se me caerá la carne sobre los pulmones
ahogándome pavoroso
te miraré con otros ojos
y dos luces rojas
se irán de paseo
con el amanecer

la cuarta noche
dulce y genuina durmiente
te posarás sobre la tierra
adormeciéndola
y yo cabizbajo armaré un fuego
antes de empezar a dividirnos con el aire
pero, ¿qué es esto?
la cuarta noche es rápida y los vientos
se arremolinan sobre tus espasmos oníricos
yo no pegaré un ojo:
sé que los espíritus
me arrojarán sobre tu cuerpo blanco como las medusas

la quinta noche estará poblada de insectos
y de árboles borrachos
de allá arriba los ángeles caídos
descenderán sobre el abismo de mi mente
y el cuerpo de la mujer amada
quedará por fin irascible y seductor
como las entrañas del universo voluptuoso
las ramas me aprisionarán
y marcas en todo mi cuerpo
me incitarán a buscar refugio en el tuyo
mas no me doblegaré
y pecaré cien veces contra dios que contra ti
quedaré quieto y sin elevar la voz
lloraré la pérdida de los cuervos
con meros silbidos
imitando las primeras capas diurnas que dieron nacer
a los más temibles pájaros
cuidaré tu sueño
y la espada-espada entre nosotros
seguirá profanada sin ser profanada

la sexta noche
tardará en llegar, vendrá congelada
y con largos velos blancos vestida de cacería
se plantará ante mí,
con suave resplandor de aguas doradas:
"¿Qué buscas?" me preguntará
y yo buscaré respuesta
en tus senos arrumados violentamente contra la naturaleza
en tus labios cochinos y tu lengua de tierra
buscaré ayuda en tu silueta
y querré abrirte los ojos
aún a riesgo de arrancártelos
mas estaré solo
la espada-espada temblará
todo será una pausa

mi lengua estrechada contra los malheridos agüeros
no será capaz de responder al presente
y quedará cubierta de moho
al fin miraré a la endemoniada figura de blanco
y en sus ojos me ofrecerá el paraíso más extenso
que las praderas de Kayyn
jamás conocieran
en esa noche de polígonos

"Yo sé lo que buscas", insistirá el paisaje blanco y bellísimo
elevándome de mi lugar en la colcha

"¿Qué es?", preguntará entonces mi soledad
y mi desierto más negro y apuñalado
el dolor chorreará y se deslizará entre
la mujer amada y la vida eterna
mas el espíritu me cogerá al fin
y tomará por suyo mi oído
su voz temblará en mi cabeza como si yo mismo hubiera gritado
mas los árboles atentos y los animales
nada oirán
ni la luna
ni los dioses que beben sabiduría

me susurrará la última voz de un muerto
mientras crepitara entre la madera
y se evaporara en misterios
así, lo conservaré como la más grande maldición del firmamento
la más difícil hasta el momento:
la palabra que todo lo destruye

sin embargo, la última noche
la última prueba de los anillos inquebrantables
no se presentará jamás
la mujer amada se acostará a mi lado
antes del atardecer
y el sol se detendrá con gran esfuerzo
y me darán la espalda los señores
y hasta las piedras y las hormigas
todo estará perdido e inubicable
entre tanta maraña de almas desesperadas
y exprimidas hasta los huesos
de feroz cascada

"¿Qué voy a hacer ahora?"
preguntaré al fondo del pozo negro

el sol nunca más se moverá
y con un canto desolado
removeré y sacudiré
vez tras otra
el mundo y el cielo
como si en ese gesto
el sol por fin fuera a caer tras las montañas
mas nada ocurrirá
se reirá de mí como un búfalo en el Gämen
como la serpiente sobre el nido
y entonces me levantaré de la tierra tremenda
y me iré a llorar
como fuente inagotable del sufrimiento
en un rincón apagado y moribundo

entonces de pronto alguien me tocará el hombro:
"Está hecho", dirás tú
y yo plasmado en un carruaje de indolencia
como padre y país del horror en el tiempo
no entenderé lo que dices

a lo que me dirás:

"La séptima noche
es engañosa
nos trajo hasta acá
metiendo sus crujidos intratables
deteniendo ella misma su llegada para siempre
y para mí las noches también fueron terribles hasta ahora
pues en los sueños también yo fui atacada y tentada a huir a tu cuerpo
fue entonces que oí el secreto del dios muerto susurrado por el blanco espíritu
su secreto tuvo cabida en mi sueño
era el secreto de la palabra que todo lo destruye
y pedí un deseo:
quise que nunca mas tuviera sueños nocturnos
ante lo cual el dios muerto
detuvo el sol en un atardecer para siempre"

"¿Y cómo has soportado tú las noches?
¿acaso sabes lo que son los demonios de la carne?
¿sabes lo que significa no pasar la séptima noche?" te preguntaré

más te alejarás de mí
caminando inalcanzable
tú y tu frágil inminencia,
para nunca más ser vista
por estas cuencas sempiternas

dirás antes de desaparecer
entre el humo y la discordia:

"Me tentaron como a ti,
mas yo supe soñar que también tú
eras mi espada-espada
y también a tí te puse en medio de nosotros
como promesa de lo no tocable
de esta manera
ambos nos hemos unido
en nuestra separación
como santa palabra amor eterno
y hemos sido bendecidos, en efecto, con tristeza
allí en el límite de lo indecible
pues ambos nos hemos tocado
en la espada-que-promete-y-separa
así, no necesitamos más
tener un hijo,
pues entre nosotros
el hijo ya está hecho"

El sol nunca más volvió a ocultarse
pues la espada-espada que no existió nunca
y que no fue nadie
lo clavó con rabia en el celeste.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Mascullación.

Estoy desierto. Una llanura cruzó con la tumba de mi pecho y florecieron montañas y pájaros que chorrean mi piel toda, destilada y abandonada. El faro caliente gime ferozmente. Una impotencia recolectada por los años, por los milenios. Diez mandamientos en tres dimensiones, mil años multiplicados por siete pecados. Falta poco para que esto acabe. El atardecer es multiplicidad. Aparece aquí y allá, en los vidrios de los autos, en los rincones de los edificios, en los letreros. Tienen formas y por lo general impide ver ciertos objetos. A veces creo que el amor es una tontería. Hay que hacer muchas tonterías. Pero todo falla de dos maneras: O porque las palabras de uno no significan nada para el ser amado, o en sentido inverso, porque cuando se es amado se da la evidencia de no haber estado nunca en el lugar en el que el otro nos merece. Aquí la separación es el surco del desierto, la sombra de una duna: El amor despilfarrado y el deseo (con posibilidad o no de satisfacerse) de no inflingir graves heridas en los cuerpos apalomados de quienes son dignos de las más altas riquezas. Anterior a la resolución del deseo en satisfacción, o al intento que deviene en cansancio, el deseo tiene un brillo oculto. Como ese color que toma el sol en las novelas donde el guardia se suicida apostandolo todo en un amor santo y sin respuesta. El deseo no puede estar justificado en términos de llevar a cabo consecución o insatisfacción. Lo que justifica el deseo del ser amado es la verdad de la locura. Entiendo por locura todo grito enunciado bajo llave. Como el alcoholismo. El amor no es círculo, sino circulatorio. Por eso las venas y las arterias. La sangre de uno corre por el cuerpo del otro. Y la espera que acaba con la luz de los dormidos embellecidos. Lo que la historia no podrá contar jamás, es el movimiento por el que el desierto se expande o entierra sus tesoros. Todos los estados posibles de mi geografía están únicamente en relación con la explosión acabada y sistemática de la lujuria y de los besos impedidos en función de una almohada. No me estoy excediendo. Si es verdad que hay límites, dejémoslos tranquilos. Hoy nos preocuparemos de imaginar a quienes estamos olvidando cuando imaginamos. Así, la amistad, como licencia del amor, entra sólo a partir de estados posibles. En efecto, tanto del amor como de la amistad podemos predicar (y debemos) distintas situaciones. Estas son de suma importancia. Pero el no cumplimiento de las condiciones de uno u otro no quiere decir que no existan, sino al contrario, por ser sus posibilidades, la engarzan. Hay que regar el pasto. La cara cambia, de pronto crecen las pestañas y los ojos se vomitan lentamente en espacios cuadrados, como de ladrillos. Los aviones sufren y las ventanas son los seres más tristes del universo. Estoy desierto, soy el desierto. De mí viven sólo nómades y gusanos de rocas. Mis oasis son conocidos únicamente por los animales. Viajeros y desconocidos son tragados rapidamente y no demoro en volver a quedar solo, soplando sobre mí nuevos vientos para amortiguar las huellas de quienes me han caminado. Tengo una casa pequeña en algún lugar de mí. Es una casa cuadrada y muy parecida a un baño. ¿Pero para qué un baño en la soledad? Existe una sola ventana y sólo un vidrio que refleja los mundos que se alzan sobre las líneas centrífugas del horizonte y que abren el dolor de mi tierra infértil. El vidrio es el límite, por fuera siente un calor enorme, por dentro, el frío propio de una casa de adobe. Todo tirita de vez en cuando y empezamos a gemir como hijos del rey una vez descubren su falta de pudor en la Corte. La caída o la llegada no es muy importante ya. El desierto se dobla, como una manta y pregunta por qué no sabe llorar.