miércoles, 11 de marzo de 2009

ojo, óptica, visión, "vista".

"Tu cuerpo no te merece!"

A partir de la repetición que hallamos sensata en Bórquez, y en un doble sentido, podríamos volver sobre la carta (y esto tiene a su vez dos significados) al márgen de ciertas discusiones genéricas tomadas en la sala 215 de la flamígera Universidad de Chile, Campus Gómez Millas, Facultad de Filosofía y Humanidades, durante el día Lunes 9 de Marzo de 2009. Doble significado de la carta, por su textura y extensión, en un primer paso ante la ignorancia del arte de enviarla (una cierta retórica no-privada en el orden de las "cosas materiales" que el jóven Levinas tanto rehuyó). Y por otro lado, el que le es más propiamente vital o académico al escritor de Macúl, en este envío que diríamos de carácter más novelesco que literario.
Repetición del corpus, por un lado, y de una cierta insistencia pneumática suscitada alrededor de nuestras vidas, por otro.
En esta segunda marca es que delimitamos la fidelidad bíblica del envío, pues, como dice C. S. Peirce: "Dejé volar mi paloma". Y paloma, carta, blancura, regla ausente, espacio entre las letras.

Mi paloma desplumada en un aborto fallido, suprimidos mis actos por el furtivo Matasaburo.

Pero hemos florecido en la boca de los teléfonos.
En el himen de la mirada.

Soltarse, solicitar nuestro envío. Intro-ducirse en la carta, infundir la carta de o último gasto. Lo radicalmente no-económico.

Entregarse.

Abandonarse.

Y no llorar por resguardo hacia la escritura.

El amor queda demostrado. No hay órgano.

A dormir.

1 comentarios:

Atisbos dijo...

Fallecí enviando palomas, tratando de adornarlas en el envío, las maltraté y me odiaron, así como se odia el zodicaco, o como se odia el desierto matutino. Fallecí intentando decirlo todo, que nunca lo dije, pues me es complicado, fallecí en el intento, en la articulacion verbal y en los sustantivos. sobre todo en los sustantivos propios, en los nombres propias, que más allá del verbo, son capaces de crear palabras nuevas, que se pueda predicar lo inimaginable de ellos: cosa que sólo la metáfora podría trazar, pero ante la cual uno fallece a la manera de quien se aplica un harakiri.
Me siento mal.