"En la 2º sinfonía de M. está el amor de la 6º, la danza y belleza de la 4º, lo bélico de la 7º, lo postergado de la 9º; estoy destinado a escuchar a M., no lo voy a poder dejar de escuchar nunca, me enamoré, me enamoré."
Con amor de la sexta, me refiero al segundo movimiento, a esas cartas de amor: "Mientras en el mundo se escuche la sexta sinfonía, el mundo sabrá cuánto te amé"; de la cuarta, a la quietud y los compases cilíndricos, a la disposición del ritmo, a los intervalos (ley de la intermitencia), finalmente: Nuestros intervalos son diferentes, esperan siempre otro tiempo, pero son también lo mismo: tienen como fin recordarnos. Con lo bélico, no me refiero únicamente a la guerra, en la 7º hay mucho escándalo y desierto; lo dicho no puede transgredirse, el primer y último movimiento como las tenazas que quisieron abrazarlo todo. Lo postergado refiere al miedo. Miedo tradicional (cristiano) a la muerte, transformación de M. al cristianismo (casi-aban-dono de lo judío), con esas palabras, esa afirmación (pero negación, más fuerte, en el fondo), del ser-para-la-muerte y la postergación-de-la-muerte como escritura fundamental en un momento determinado después de Beethoven (Mahler-Mozart); sí, otro estilo, otras cartas que anticipan de otra manera (re-escriben) otra pasión: la pasión por la espera del otro. Andrea: fin de toda anotación posible.
3 comentarios:
Muy bien. Yo quiero morir escuchando el clavicordio de Bach.
Si sólo se pudiera ver con los oídos, la realidad sólida se volvería un montón de ondas pequeñísimas y hasta el tacto se beneficiaría. Podría ver mis palabras serpentear hacia los demás, miles de trocitos deformando lo que digo al chocar con los demás. Brillar por sus efectos ilustrosos y hacer sonidos que desafiasen a la ciudad, una horda de sentidos danzantes entre el viento y el ímpetu de decodificar.
Pero eso ya no es realidad.
Es música.
amo amor
Publicar un comentario en la entrada