viernes, 1 de mayo de 2009

El estatuto alterante de la dedicatoria.

"En la 2º sinfonía de M. está el amor de la 6º, la danza y belleza de la 4º, lo bélico de la 7º, lo postergado de la 9º; estoy destinado a escuchar a M., no lo voy a poder dejar de escuchar nunca, me enamoré, me enamoré."

Con amor de la sexta, me refiero al segundo movimiento, a esas cartas de amor: "Mientras en el mundo se escuche la sexta sinfonía, el mundo sabrá cuánto te amé"; de la cuarta, a la quietud y los compases cilíndricos, a la disposición del ritmo, a los intervalos (ley de la intermitencia), finalmente: Nuestros intervalos son diferentes, esperan siempre otro tiempo, pero son también lo mismo: tienen como fin recordarnos. Con lo bélico, no me refiero únicamente a la guerra, en la 7º hay mucho escándalo y desierto; lo dicho no puede transgredirse, el primer y último movimiento como las tenazas que quisieron abrazarlo todo. Lo postergado refiere al miedo. Miedo tradicional (cristiano) a la muerte, transformación de M. al cristianismo (casi-aban-dono de lo judío), con esas palabras, esa afirmación (pero negación, más fuerte, en el fondo), del ser-para-la-muerte y la postergación-de-la-muerte como escritura fundamental en un momento determinado después de Beethoven (Mahler-Mozart); sí, otro estilo, otras cartas que anticipan de otra manera (re-escriben) otra pasión: la pasión por la espera del otro. Andrea: fin de toda anotación posible.

3 comentarios:

Atisbos dijo...

Muy bien. Yo quiero morir escuchando el clavicordio de Bach.

Anónimo dijo...

Si sólo se pudiera ver con los oídos, la realidad sólida se volvería un montón de ondas pequeñísimas y hasta el tacto se beneficiaría. Podría ver mis palabras serpentear hacia los demás, miles de trocitos deformando lo que digo al chocar con los demás. Brillar por sus efectos ilustrosos y hacer sonidos que desafiasen a la ciudad, una horda de sentidos danzantes entre el viento y el ímpetu de decodificar.
Pero eso ya no es realidad.
Es música.

hoy en día dijo...

amo amor