martes, 2 de junio de 2009

Fermandois (el llanto después de Wittgenstein).

Hoy encontré un gato negro en mi departamento, muy sentado en mi sillón.

quise llamar a la francisca y preguntarle qué había que hacer
en situaciones como esas.

pero no, llamé a lautaro y me dijo que me lo comiera.

después llamé a zeto y me dijo que estaba todo un experto en gatos, de suerte que me podía hacer asistir legítimamente por él.

el gato comió pollo, luego le enseñé mi pieza. me arañó y se frotó, primero contra mi cuerpo, más tarde contra las puertas y las paredes de la casa.

al final, le expliqué que se nos venía encima un co-habitante y me tuve que despedir de él, haciéndole gestos de adiós con la bufanda.

salió al balcón y saltó sin dar explicaciones.

una visita con poca luz, breve y en misterioso silencio.

los hombres no hemos aprendido nada de ese gato.

esto es muy alegre.

2 comentarios:

Atisbos dijo...

Plantemos papas en el fracasal, por favor!!!!!!!

hoy en día dijo...

"El ingenio de Baudelaire, que se nutre de la melancolía, es alegórico Por primera vez París llega a ser, con Baudelaire, objeto de la poesía lírica. Esta poesía no es ningún arte nacional, es más bien la mirada alegórica que se encuentra con la ciudad, la mirada de quien es extraño. Es la mirada del flâneur, en cuya forma de vida todavía se asoma con un replandor de reconciliación la futura y desconsolada forma de vida del hombre de la gran ciudad. El flâneur está aún en el umbral, tanto de la gran ciudad como de la clase burguesa. Ninguna de las dos ha podido con él todavía. En ninguna de ellas se siente en casa. Busca su asilo en la multitud. Las primeras contribuciones a la fisonomía de la multitud se encuentran en Engels y en Poe. La multitud es el velo a través del cual la ciudad habitual hace un guiño al flâneur, como si se tratase de una fantasmagoría. Con la multitud, la ciudad tan pronto es paisaje como habitación. Cosas ambas construidas luego por el gran almacén, que aprovecha la misma flânerie para la venta de mercancías. El gran almacén es el último territorio del flâneur.
Con el flâneur, la intelectualidad se dirige al mercado. Cree ella que para observarlo, cuando en realidad es para encontrar comprador. En esta fase intermedia en la que la intelectualidad aún tiene mecenas pero empieza ya a familiarizarse con el mercado, aparece como bohemia. A su imprecisa posición económica corresponde su imprecisa función política. Se expresa ésta del modo más palmario en los conspiradores profesionales, que pertenecen sin excepción a la bohemia. Su campo de trabajo inicial es el ejército, más tarde la pequeña burguesía, en ocasiones el proletariado. Pero esta capa social ve en los verdaderos guías del proletariado a sus enemigos. El 'Manifiesto comunista' acaba con su existencia política. La poesía de Baudelaire obtiene su fuerza del pathos rebelde de esta capa social. Se inclina del lado de los asociales. Su única vida sexual la realiza con la prostituta".
....Walter Benjamin, 'El libro de los pasajes', pp. 44-45.