sábado, 27 de junio de 2009

Mearse el ojo izquierdo.

Estoy envuelto en humo de cigarro, desde hace ya un tiempo.

Esta enfermedad, esta irrisoria, intransigente enfermedad, pulsión izquierda desde lo maravilloso hacia lo anticuado, la desgracia definida entonces como el momento de la Segundidad en que del otro lado de la puerta alguien se retira, y al no encontrar cuerpo, resistencia alguna, busco rápidamente a un otro: el piso.

Riveros piensa que la electricidad es eterna. Sin embargo, yo sostengo sólo que primero se nos acabarán los ojos.

Tres personas se han intentado comunicar conmigo.

Max soñó que yo me mataba.

Nunca supe cómo estaba la Rebeca.

Una niña ocre de cortos vestidos; princesa de tierra cuyo Eros se equipara sólo al golpe del Titán. Salva los fenómenos como nadie y en su vida nunca leyó nada. Un abrazo extenso a través de las montañas.

1 comentarios:

Atisbos dijo...

Si. Yo a veces me imagino que vienen a buscarme a la casa, así de manera inesperada, y que toda la cromaticidad azul y negra que recorre mis días nostálgicos se torna color palabra, gestos, humanidad. Hoy día he visto infatigablemente videos del Michael Jackson, ya que en un canal musical, están dando un especial de él, a partir de su muerte. A mí me avisaron que M. Jackson había muerto mientras practicaba Aikido, y lo primero que se me vino a la cabeza eran aquellos momentos en que veía esos videos junto a mi familia, a mi madre, a mi padre, que tanto les gustaba. Ahora veo los videos de M. Jackson solo, en mi pieza, y nadie ejerce fuerza segundada para siquiera abrir mi puerta. Por último que toquen el timbre y salgan corriendo.