sábado, 8 de agosto de 2009

Poema para Sigrun.

como si nuestros años fueran montones de deudas en los bolsillos equivocados

haber aprendido nada salvo un dolor a través de veinte ventanas empañadas, cosido a la locura del patio, injustamente enaltecido, abandonando la idea de un calor perpetuo, sentado a la orilla del sufrimiento que se esconde en lo que todo el mundo ha escrito

los señuelos y yo como carne estropeada amarrado a un cañón por no haber sido
lo suficientemente divino como para tocar la desdicha y su gran caída bifurcada

la fatalidad magnífica cuando resto el mundo a todo lo que involucra mi percepción de sujeto/truncado y quedan vacías las cajas, tiendas antiguas que dibujan el contorno de la zapatería más pobre en la ciudad de los que nunca se suicidaron
los árboles caminan y me persiguen, algo malo les habré hecho como algo malo le he hecho a cada hoja que ha entrado en el campo de mi retina que es cuchilla y tinta de gigantes de fuego

y la suciedad la ligereza, para cerrar lo que hay en la tierra que no se alcanzó a pisar debí tener temple de cuervos
y rostro doble, pisada doble
como rayo que divide lo más querido
reparto entre los más hambrientos lo que nunca he comido
callo en el hambre de la caricia
y sufro en su coral infinito
quedando culpable la indigencia y la falta de túneles en las alcantarillas
como los llamados que interrumpían el lecho de piedra
y la burla la burla a la falta de casos en mi gramática de enamorado
amando a la hija
describiendo con sumo error todo lo que hay de cabizbajo en mi pecho
como si por ser hombre no tuviera derecho a conocer árboles enfaldados
la comodidad es incierta
mas la tristeza de los que sueñan con un corazón rodeado de azul y blanco y muerte
supera todos los grados de incerteza

encerrado y comiendo nada más que el aire por el que te oí, he guardado
mil palabras que saldrán cada vez que vuelvan a mí por tiempo de diez segundos
los recuerdos arrojados en los engranajes que conectan los pasadizos de montaña aplastada por el delirio y las desesperaciones más comunes.

he perdido mi lengua y he ganado voces que ya no puedo sostener. a la guerra sin zarzaquieta y celebración sin tzoalli, sólo hay amor a través del mar y los pájaros que son dioses de plata con cuernos que desmienten la llegada.

el espacio que en bucles definidos se dobla sobre sí y aparece como espesura de ojos
y compenetración externa me grita desde lo profundo:

"hay cosas que uno no puede tocar"

como el privador de bienes, el bandido que escapa y muere de hambre en el desierto,
he vendido cada palabra al servicio de la razón y el trabajo maldito de los más negros pensamientos.

¿qué cosa puede quedarle a uno sino un olor que revela la idiotez permanente del comerciante que no detiene caballo alguno para recoger las flores inútiles del campo?

como el estropeador universal, el caballero que con la armadura hecha canto rompe en el agua su cabeza por falta de suavidad en las tareas que Dios le ha encomendado.

no haber iluminado nada salvo la salida más rápida y equívoca, el desnudo querer de una valkyria que me arrastra y para quien mi cuerpo fue desde un comienzo demasiado pesado para llevar al valhalla.

solo y salpicado de rosas malditas en las orejas, el aullido del lobo encadenado muerde todavía mi esperanza, todo eso que uno ha liberado, esa risa, colibrí y muerte, empapado de amargura y destruido con el dolor de los alcohólicos miserables, he llegado a un límite que no es límite, a un zurco, a una diferencia que es imposibilidad: no tener manera alguna para intercambiar puntos de referencia, direcciones, matices y letras que marchan siempre contra el autor. Haber perdido los pañuelos de la infancia, haber dejado que amarraran a la línea del tren a un gato, no haber salvado al conejo de aquél mismo gato, haber faltado a la iglesia, al casamiento, a la muerte de alguien, pasear solo por los cementerios y por lo que hay en él de irreductiblemente fantástico, conducirme al fracaso, Eros y Sonne, forjado con los cabellos del Mal y arrojado a los perros del infierno. El guardabosques de la locura y el impedimento, la falta de palabras precisas que me condujeran al perdón y curaran mis rodillas. Amar un olor trabajando para la esquisofrenia, temer infinitesimalmente por la falta de respuestas, o como respuestas en blanco que se pegan en el gran muro de mis batallas decididamente perdidas.

querer ayudar sin metafísica.

traicionar o no agradecer, aprender a quedar solo, a volver a casa solo.

Skald de las almas reagrupadas en el módulo del silencio, Rúnwita del futuro en detrimento y runas apagadas por el posible olvido.

magistral no-escucha de parte del ejecutante: "Me rindo, me rindo".

chocar y chocar con los árboles, quererlos tanto, querer traspasar los diques, refutar a Descartes metiéndome hojas secas a los ojos y ver crecer un álamo de cenizas como cáncer al espíritu, pene disuelto, dislocado y difamado, en cuarentena y con la vaga esperanza de servir para que aquél cuchillo de la cocina jamás vuelva a ser utilizado.

regalar un dibujo de mi doble, a falta de una desilusión más directa y proporcional al gesto inadecuadamente sublime que ahora amenaza con electrocutarme.

la cama es lo imposible.

ruego misericordia, he faltado.

"La caricia, como el contacto, es sensibilidad. Pero la caricia trasciende lo sensible. No se trata de que sienta más allá del sentido, más lejos que los sentidos, que se apodere de un alimento sublime, mientras conserva, en su relación con este sentido último, una intención de hambre que va hacia el alimento que se insinúa y se da a este hambre, sino que lo profundiza, como si la caricia se nutriese de su propio hambre. La caricia consiste en no apresar nada, en solicitar lo que se escapa sin cesar de su forma hacia un porvenir -jamás lo bastante porvenir-, en solicitar eso que se oculta como si no fuese aún. Busca, registra. No es una intencionalidad de develamiento, sino de búsqueda: marcha hacia lo invisible. En cierto sentido expresa el amor, pero sufre por incapacidad de decirlo."

(Emmanuel Levinas, Totalidad e Infinito, pp. 267-268)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

(me) debo a vuestros dolores y piedras.





geraldo.

Atisbos dijo...

"Loneliness has followed me my whole life, everywhere. In bars, in cars, sidewalks, stores, everywhere. There's no escape. I'm God's lonely man."

Travis Bickle, Taxi driver.

brivius dijo...

lo bueno de haber padecido la peor de las desgracias es que, haga lo que se haga, todo lo que sí resulte: la factura de una comida, el ser registrado en un esporádico empleo, la elaboración de una hipótesis en medio de lectura, todo, es asumido como si fuese una iluminación divina.
hasta que lo peor
vuelva a envolver cada cosa con su manto.