lunes, 7 de septiembre de 2009
ahora que ha llovido un poco, esto es como estar hablando con el primero que se siente en la silla de los acusados. quizás se me olvidaron los recados, o la frasé postergó su enlace mundial con la perpetración infinita de los muertos que se aburren en mi cuerpo. yo alguna vez escuché, o me detuve a escuchar, a escuchar como abrazando. lo que muere es la lata de cerveza con sus desparramadas neuronas por la mesa. no puedo comer así. hay que limpiar todo mientras los borrachos duermen o se citan en círculos de actividad que tienden a la desaparición, gradual o absoluta, de la humanidad que va quedando en su silencio o falta de silencio. el egoísmo radical sería algo así como la fertilidad irrestricta de una reducción fagológica. quedó un trozo de pan por ahí. mi guitarra está muy enferma y tiene dos almas, no una. ahora ocurre que quisiera escribir los nombres de todas las personas por las que yo llego a saber que estoy aquí, cuasi-vivo, o como con un cansancio lacerante reflejado en un espejo -¡tan diminuto!- que interrumpe los actos más sencillos, los más o menos maravillosos, los de leve rechazo o suplemento. confieso que cuando camino sobre baldosas cuadriculadas, avanzo como si fuera el caballo de un tablero de ajedrez. era mi única entretención desde pequeño, cuando mis padres me llevaban a grandes tiendas de ropa. sólo pensaba en el próximo lugar donde caería mi pie. fallar me hacía levantar la cabeza y dar, por lo general, con los vendedores o guardias cuya sola (re)aparición era ya todo un reproche. son las 3:04 de la mañana y se acerca el dolor de las 3:41. agradeceré a todos, a todos, aunque no siga pensando en otra cosa que en una disminución fuerte de la población terrestre.
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4 comentarios:
con tal de poder vestir a nuestros hijos tan sólo con ese polerón verde o azul.
"¿Cuántos heridos hay?"
geraldo
Perdí las letras como quien pierde la inocencia con la aparición de la pornografía
mientras los borrachos duermen
de mi adicción a la cocaína recuerdo esa instancia en que uno iba a comprar el último toque a eso de las 5 y media o 6 de la mañana. siempre era incierta la suerte que se tendría si se decidía ir hasta el lugar del proveedor, por lo cual había un cierto debate entre los amigos adictos entre los que decían que sí y los que decían que no. yo era de los que siempre decía que sí y muchas veces iba personalmente a realizar el trámite junto a un saco de weas que se llamaba gerardo. muchas veces tuvimos éxito en la empresa, pero otras no, y ahí se encuentra el punto al que quería llegar. al de el paso entre la ilusión de que al tocar el citófono alguien respondiera a aceptar que nadie respondería y que habría que volver con las manos vacías. dos drogadictos parados afuera de una casa mirando con fe musulmana las ventanas oscuras del living en procura de que repentinamente se iluminasen. finalmente en aquellas circunstancias había que entender que no ocurriría nada y que nada se podía hacer sino volver sobre los propios pasos. tal como la persona a la cual diagnostican sida o cualquier enfermedad irreductible, los adictos a la cocaína deben convencerse de que la noche llega a su fin. aunque lo parece, no es nada fácil cuando se está jugando a ese juego.
así, hay muchas situaciones en la vida frente a las cuales hay que poder dar crédito a lo que está sucediendo. por ejemplo aquél sujeto que es presa de un incendio, del desvalijamiento de su casa, de la desparición de su auto desde el estacionamiento del supermercado.
pero hay una peor. los que me conocen sabrán a lo que me refiero. muy similar al diagnóstico de fibrosis quística. donde sólo queda esperar la muerte pues ya es demasiado tarde para actuar en contra de la fatalidad.
LAS MUJERES TAMBIÉN SUFREN,
SÓLO QUE NO A LA MANERA EN QUE SUFRE UNO.
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