ella busca a mi padre muerto y yo a su hermana pequeña.
El sujeto que ofrece resistencia en una potencia sin poderío (Macht), cuando es alcanzado por un temor súbitamente suscitado y que pone su ánimo fuera de compostura, queda fuera de lo sublime, rehuyendo, buscando el cese de la penuria para devenir en alegría y queriendo no volver jamás a repetir la escena. El problema es el mismo que en la analítica de lo bello, segundo momento: comunicabilidad universal, conocimiento general, validez pública, y en definitiva, el (dis)placer como consecuencia del enjuiciamiento y no viceversa, es decir, asegurar la estadía estética de lo sublime. En lo sublime [dinámico], la naturaleza es representada como inspiradora de temor. No todo objeto que despierta temor es sublime. Inspirar y despertar. Aquí, esta delgada distinción puede tomarse como sigue: la inspiración hace al objeto temible, mientras que si despierta temor nos atemoriza. El atemorizarse ante el objeto elude el como si de lo temible, en el que el solo pensamiento de resistir al objeto y en que toda resistencia sería entonces completamente vana. Lo sublime no puede obtener su fundamento de determinación de la inclinación (del rehuír a la visión del objeto que lo intimida), pues en tal caso la universalidad quedaría perdida de antemano y tendría sólo una validez privada, en la inclinación. Sin embargo, su fundamento deja de ser sospechoso y se vuelve estético en la medida en que nos hallemos seguros, fuera de la inclinación. Aquí lo sublime atrae y eleva la fortaleza del alma por sobre su término medio habitual y permite descubrir en nosotros una potencia de resistir completamente distinta, que nos da valor para poder medirnos con la aparente omnipotencia de la naturaleza. Resistencia completamente distinta, no resistencia de poderío contra poderío (que sería siempre empírica), sino de una potencia sin poderío, resistencia a la medición del sujeto con la naturaleza. Pero potencia de resistir, no potencia de poderío. Es decir, potencia para el como si de la medición, no potencia para sobreponerse, la cual comparada con el poderío de la naturaleza, resultaría siempre una pequeñez insignificante. Todavía hay algo de matemático en lo dinámico, pues la superioridad sobre los obstáculos sólo puede ser juzgada según la magnitud de la resistencia. Potencia, decíamos, inversa, potencia de decidir la inadecuación de las fuerzas representacionales, es decir, de poner la Unermesslichkeit (inmensidad) en la naturaleza como poderío sin prepotencia (Gewalt), y de poner la especial resistencia, el obstáculo del sujeto, como un ceder de la propia insuficiencia en la medida en que somos al mismo tiempo juzgados independientes de la naturaleza. La universalidad, entonces, no yace sino en que en el juicio estético sobre lo sublime la naturaleza no es juzgada meramente en cuanto atemorizante, sino porque invoca en nosotros nuestra fuerza para mirar aquello de lo cual nos curamos (bienes, salud y vida) como pequeño y, no obstante, ver por eso mismo su poder, no como una tal prepotencia respecto de nosotros, ante la cual tuviésemos que inclinarnos cuando se tratara de nuestros principios supremos y de reafirmarlos o abandonarlos. Por tanto, la naturaleza se llama aquí sublime simplemente porque eleva la imaginación a la presentación de los casos en que el ánimo puede hacer para sí mismo sensible la propia sublimidad de su destinación (Bestimmung), aun por sobre la naturaleza.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada