miércoles, 18 de noviembre de 2009

Mahler, Sartre, Valdebenito (nota de una nota de un teléfono).

Los hombres jamás estaremos tristes.

Lo que una penuria atravesada por el canto
es capaz de restituir al orden
de los terrores como pájaros
es a la vez
una horca y una pradera
por el que cansadas planearían
para posarse sobre uno de sus jardines
donde hallaran escondidos a los quinientos jóvenes de la orquesta
ejecutando un límpido y sonoro
arte de las diferencias.

Estaremos estallando entre los libros
que nos dejaron nuestros abuelos
y la marcha del fin final
se erguirá como el rondo-finale
de la séptima sinfonía.

Lo que es todavía asombroso de una obra del teatro existencial es a un tiempo el devenir positivo del absurdo y el retroceder del sentido que halla, en pequeñas diálisis, cortes de tiempo y engranajes de un gatillo, descendiendo como tiempo, hasta el momento en que el borracho se acuesta a los ojos de dios. En un comienzo, la conversación ha de ocultar la historia y luego ha de seguirse con rigor, como un montón de pasos calculados tendidos sobre el abismo (Abgrund). Escribir la traición en toda su máscara, el error aquí bate sus alas en un charco de malentendidos y apariciones tormentosas que debieran, tal como en algún momento se anuncian y se dejan anunciar, disipar la duda anónima. Por otro lado, el retroceso como astucia, el espíritu que vivifica la obra internamente, se rinde en su proyecto como los pasos borrados por la nieve. El reducto (que no llega aún al desenlace) ofrece como tacto (escena) la resistencia al poderío de la imaginación y se torna una prepotencia que equivale a la crudeza altiva de palabras sensatas, desnudando al lenguaje, perdiendo todo su contexto.

"Si todo lo que toca es verdadero, me clavaré a la causa primera."

-Perdónanos.

La insatisfacción queda demostrada.

1 comentarios:

la lengua no pertenece dijo...

la familia está tomada por un círculo en el cual los puntos se encuentran enlazados uno con otro, de la mano o en línea. en línea: la familia opera del mismo modo que el tiempo, de manera circular, como puntos que se ponen en línea o como obliteración de la separación entre los puntos. a esa obliteración del hiato, de aquello que se pone en línea entre dos términos o de aquella línea que se traza entre un yo y un otro, derrida le llama "estrictura". la estrictura no deja ver la precaria situación en la que se encuentra un punto respecto de otro y paradójicamente los pone en la superficie como distintos uno de otro o como partes de los mismo. se trata de una falsa diferencia, de una diálisis. de ahí que si todo se observa de manera circular - o dicho de otro modo - como en una línea que comienza donde termina, es obvio que siempre en la oposición quedará más íntegro aquél que sea capaz de ponerse de manera más homogénea dentro de la economía de lo mismo. si no se procede desde ya, como un llamado o una obligación (un · es preciso .), a una des-estricturación del círculo familiar, de la herencia familiar, estamos perdidos.