jueves, 31 de diciembre de 2009

"Las melancolías del ánimo" (Clase nº2, Liceo Lautaro Quiroga Aguilar, Marzo de 2023, Segundo Básico A)

a) "Según los diversos estados anímicos de las personas, una misma representación afecta en muy diferentes grados a la sensibilidad. Por eso se atribuye a alguien una especie de fantasiosidad por el mero hecho de que el grado de intensidad con que le afectan ciertos objetos se considera aberrante comparado con la moderación de una cabeza sana. Por este motivo, el melancólico es un fantaseador en lo tocante a los males de la existencia." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

b) "El melancólico, que delira en lo que atañe a sus lúgubres y quejumbrosas conjeturas, es un ser apesadumbrado." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Y luego,

c) "En algún lugar de su obra, el Abate Terrasson establece una distinción entre los perturbados mentales: los que concluyen correctamente partiendo de ideas falsas y los que a partir de ideas correctas sacan conclusiones erróneas. Esta división concuerda perfectamente con lo anteriormente expuesto." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Precisión a la distinción:

d) "Las lacras de la cabeza perturbada pueden reducirse a tantos géneros supremos cuantas sean las facultades psíquicas afectadas. Creo poder dividirlas, globalmente, en los tres grupos siguientes: primero, el trastrueque de los conceptos de la experiencia, que es la demencia; en segundo lugar, la perturbación de la facultad de enjuiciar ante todo la experiencia misma, que es el delirio; en tercer lugar, el trastorno de la razón en lo tocante a los juicios más universales, que es la alienación." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Distinción de la precisión:

e.1) "Ahora bien, hasta aquí todavía no está realmente afectada la capacidad de entender en la cabeza trastornada, o al menos no es necesario que lo esté; pues el error sólo se da en los conceptos, mientras que los juicios en sí -en caso de que aceptemos como verdadera la percepción distorsionada-pueden ser totalmente correctos e incluso inusualmente razonables. Por el contrario, una perturbación del entendimiento consiste en que, a partir de experiencias eventualmente correctas, se emiten juicios totalmente erróneos; y el primer grado de esta enfermedad es el delirio, que contraviene las reglas comunes del entendimiento en los juicios más próximos a la experiencia." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

e.2) "El segundo grado de trastorno mental respecto a la facultad cognoscitiva superior es, en propiedad, la razón caída en desorden, en tanto que se extravía absurdamente en sutiles juicios imaginarios acerca de conceptos universales y puede denominarse alienación." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Retrocedemos:

Anotar: Los tres grupos (d), no son más que dos, pues la alienación forma parte de los trastornos del entendimiento, es decir, junto con el delirio. Y el primer grupo no es un grupo, pues lo que agrupa esta clase de enfermedad en que se dan ideas falsas de la experiencia (en que se trastruecan los conceptos y el error es más bien sensorial, es decir, en que se enlazan fines y no se excita la conformidad a fin del objeto con nuestras facultades, sino que antes bien se prescinde de la causalidad interna y la mera causa es tomada por verdadera siendo falsa) son tanto la demencia como la fantasmagoría. Los fantasmas aparecen, por tanto, fantasmáticamente, en una división que no existía.

en (e) se instaura un nuevo nivel en el orden del discurso. Originariamente eran tres las enfermedades de la cabeza (d), pero ahora se ha ingresado la partición correspondiente: de un lado las enfermedades producto de la relación entre un juicio razonable y un concepto erróneo y del otro lado las enfermedades producto de la relación entre un concepto eventualmente correcto y un juicio erróneo, división que también se encuentra en el Abate Terrasson de (c). En el segundo tipo, el de los juicios erróneos, es que es considerado el delirio, por una parte, y la alienación, por otra.

Tarea: distinguir entre un juicio razonable y un concepto eventualmente correcto a partir del error (del profesor).

Concluímos: el melancólico delira sin alienarse.

Inmediatamente luego de (c) se lee:

"En los del primer tipo, es decir, los fantasiosos, o dementes, en realidad no está afectado el entendimiento, sino sólo la facultad que suscita en el alma los conceptos de que luego se sirve el Juicio para compararlos. A estos enfermos se les puede muy bien redargüir con argumentos de razón que, aunque no supriman su mal, contribuyen por lo menos a aliviarlo. Por contra, en los del segundo tipo, delirantes y alienados, al estar afectado el entendimiento mismo, el razonar con ellos no sólo carece de sentido (pues no estarían trastornados si pudieran comprender esas razones), sino que es también altamente perjudicial. Y es que así lo único que hacemos es proporcionar nuevos materiales a su perturbada cabeza para seguir urdiendo despropósitos; el contrasentido no se mitiga, sino que se aviva, por lo cual es absolutamente necesario adoptar en el trato con ellos una actitud despegada y benevolente, como si uno no se diera ni cuenta de que algo no funciona en su mente." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Los fantasiosos se introducen bajo la misma categoría que los dementes, es decir, la de las enfermedades en que se evidencia juicios correctos pero conceptos erróneos (no tiene alterado el entendimiento, pues puede inferir correctamente). Sin embargo, en el fantasioso predomina lo real:

"Esta característica, en virtud de la cual, aun sin estar aquejado en grado notable por una enfermedad severa, el perturbado acostumbra a imaginar que, en estado de vigilia, percibe claramente ciertas cosas de cuya presencia no hay ni rastro, se llama demencia. Así, pues, el demente es un soñador despierto. Ahora bien, si las habituales ilusiones de sus sentidos sólo parcialmente son fantasmagorías pero predominan las sensaciones reales, entonces aquel en quien se dé en grado sumo una inclinación a dicho trastorno es un fantaseador." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

En grado sumo sólo la inclinación al trastorno, sin embargo, es notable el sentido atenuado de esta clase de enfermedad en que el orden sensorial está arruinado. El fantaseador percibe mal, se equivocan sus sentidos, el fin a que se enlaza la representación no entra en el dominio de la conformidad a fin del objeto de la naturaleza con nuestras facultades. Sin embargo, no todas sus sensaciones están mal, pues sería el mismo caso del demente, sino que en él predomina lo real, no está del todo perdido, su sanación es incierta, pero en él no se insinúa un peligro social, no hay comportamiento contrario a la ley: recordemos:

"Voy a pasar de las lacras de la cabeza que son despreciadas y ridiculizadas a aquellas otras que por lo general se miran con compasión; de las que no perturban la normal convivencia de los ciudadanos a aquellas de las cuales se hace cargo la autoridad y toma respecto a ellas medidas preventivas. Dividiré estas enfermedades en dos tipos: de incapacidad y de trastorno." (Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza, Kant).

Concluímos: el melancólico fantasea sin ser un demente.

Leer (a) y (b) nuevamente.

El melancólico fantasea (grado atenuado de la demencia), es decir, yerra sensorialmente y produce ideas no adecuadas a ningún objeto, lo que no le impide producirlo. Sin embargo, fantasea en torno a los males de la existencia, vale decir, es un hombre de fantasmas representacionales, y por tanto, no incide en la vida social de las personas, como en el caso de la demencia, en que, al ser considerado como un "soñador despierto", no es capaz nunca de entablar límites epistemológicos, problema que lo termina conduciendo a numerosos disturbios públicos. El melancólico fantasea, entonces, respecto de sí mismo, pues: "Por eso se atribuye a alguien una especie de fantasiosidad por el mero hecho de que el grado de intensidad con que le afectan ciertos objetos se considera aberrante comparado con la moderación de una cabeza sana." Fantasea respecto de sus afectos, se intuye mal, falla sensorialmente respecto de sí en el mundo.

Por otro lado, el melancólico delira (grado atenuado de la alienación), es decir, yerra en los juicios de la experiencia misma tomada como verdadera. Sin embargo, no en todo ámbito, sino en el ámbito de una experiencia cercana, pues el delirio "contraviene las reglas comunes del entendimiento en los juicios más próximos a la experiencia". En los juicios más próximos. En los que lo rodean. El radio de acción de esta enfermedad es limitado y el enfermo no alarma al Estado, razón por la que el sujeto aquí comprometido no es aislado socialmente. Pero tenemos (b) que su radio de acción es más que moderado, sino que su delirio atañe sólo a sí mismo, yerra respecto de sí, se enjuicia mal, se infiere erróneamente de premisas verdaderas. Es un estoico radical y podría jamás llegar a saberlo. El Epicteto por excelencia, pues el melancólico que delira siempre dirá: parece que (élla ) no conoce mis otros defectos, porque si no, no te hubiera mencionado solamente ésos.

De todo esto queda:

Si el melancólico tiene conceptos (al considerar los males de la existencia) errados de sí, a saber, porque la existencia lo compromete en primera instancia y más que a nadie; y si el melancólico enjuicia errónamente sus conjeturas, y por qué no decirlo, su estado anímico (pues es una cuestión de defectos), concluímos:

El melancólico es el único enfermo capaz de inferir erróneamente a partir de premisas falsas. No molesta a los demás, pues sólo puede decir la verdad (F y F, entonces V).

Un perturbado mental que es más bien un imbécil, un trastornado que es más bien un incapaz.

Próxima Clase:

-El problema entre el endeudamiento y los estafadores (Observaciones sobre lo bello y lo sublime y primera clase sobre Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza)

Trabajo final semestre:

-Deber moral y la cuestión de la mentira.

A recreo.

martes, 22 de diciembre de 2009

la egología no es tanto la capacidad receptiva del que escucha, y menos aún la condición (interna o relativa) del que se confiesa, sino más bien el que todo ello sea el caso.

viernes, 11 de diciembre de 2009

§40.

-"Todo me conduce al insomnio"

Hoy no leí a Kant. De entre todo lo que postergo, lo más detestable ( y no por principios, sino más bien porque ahora es postergado el sueño), es dejar un parágrafo a la mitad o no haber comenzado el siguiente. Intenté hojear en el bar buscando una nota, que ahora, sólo ahora, reproduzco íntegramente:

"Se hallará que un rostro completamente regular que quisiera el pintor tomar para que le posara como modelo, no dice comúnmente nada, porque no contiene nada característico y expresa, por tanto, más la idea de la especie que lo específico de una persona. La exageración de lo que pertenece a esta especie de lo característico, es decir, la que viola la idea normal misma (la conformidad a fin de la especie), llámase caricatura. También enseña la experiencia que esos rostros completamente regulares delatan en su interior comúnmente sólo un hombre mediocre; presumiblemente (si se puede admitir que la naturaleza exprese en el exterior las proporciones de lo interno) porque, si ninguna de las disposiciones del ánimo destaca sobre la proporción requerible para conformar a un hombre sin falta (fehlerfreien Menschen) no se puede esperar allí nada de lo que se denomina genio, en que la naturaleza parece apartarse de las relaciones habituales entre las fuerzas del ánimo para ventaja de una sola de éstas." (A 59).

(1) Detestable es dejar un parágrafo a la mitad porque con él puedo ya intentar resolver, conectar internamente a otros elementos, recapitular, organizar y extrapolar aquellas ideas que se abren a un desarrollo honesto pero en absoluto definitivo. Detestable es no saber cómo acaba el parágrafo, es decir, no saber cómo lo deja Kant. El estado del ánimo aquí es a la vez el de la sospecha, la ansiedad del desenlace (que llegaría, alguna vez), es decir, el sentimiento doloroso de estar clavado a la cama sin poder dormir a causa de lo que se ha venido llamando una histeria representacional.

(2) Detestable es no avanzar al próximo parágrafo porque las posibilidades de lo que viene - la expectativa del curso general de la exposición- es infinita e insostenible. Detestable, en el fondo, es no poder continuar debido a que el parágrafo anterior gravita aún en el ánimo y no se está dispuesto, en modo alguno, a ingresar lo nuevo, puesto que entonces el parágrafo anterior no se dejaría leer hasta su última palabra: no se dejaría pasar por lo que se viene llamando la lavadora representacional (el ánimo en todo su esplendor y actividad, en su fuerza). El estado anímico es aquí el de una niña que con la panza llena espera en virtud de su metabolismo para lanzarse sobre el próximo chocolate; esto es, el de la espera activa que busca una ocupación en la oscuridad camal para procesar saboreando a la vez el siguiente estado, que es a la vez el anterior (1).

Me acosté, entonces, sin haber leído, parecía cansado. Error. El cansancio se disipó lentamente y con él toda posibilidad actual de quedarme dormido. Fui alcanzado de pronto por la conciencia desesperada de estar despierto, de estar hablándome, maldiciendo a lo oscuro con palabras informes: algo pasaba, un vacío, como figuras absorbidas por la humedad de lo sin-materia, me acosaba. En mis representaciones faltaba por completo el entendimiento, toda relación con un objeto (del pensar) me era negada, la razón dislocándome en la nada de unos brillos; allá en los rincones, unos sonidos descontextuados acaecían de manera violenta y la imaginación se adueñaba de la sensibilidad quedando exiliado de todo principio vital. No tenía nada en que pensar. La lavadora no tenía nada que lavar y la histeria no encontraba ya ningún objeto en el que prolongarse. Me levanté, encendí la luz y el computador, y empecé a escribir esto.

Voy a ver qué hago con este parágrafo.